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	<description>Por Elvis</description>
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		<title>193 Dean St.</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 21:39:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mañana toca bañarse porque vamos a recibir a una persona más. Tenemos que estar a las seis de la tarde en la cocina. Esta noche descansamos.]]></description>
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<p>Mañana toca bañarse porque vamos a recibir a una persona más.</p>
<p>Tenemos que estar a las seis de la tarde en la cocina.</p>
<p>Esta noche descansamos.</p>
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		<title>Yonder</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 21:12:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Comienzo a encariñarme con el limbo, esa dimensión imposible de compartir, no digamos describir, que se vive en un sitio perteneciendo a algún otro lugar, que probablemente no existe. No estar aquí, no estar allá, nada que cualquiera desterritorializado no padezca o aprenda a disfrutar. Escribo ahora desde la Ciudad de México, desde casa de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comienzo a encariñarme con el limbo, esa dimensión imposible de compartir, no digamos describir, que se vive en un sitio perteneciendo a algún otro lugar, que probablemente no existe. No estar aquí, no estar allá, nada que cualquiera desterritorializado no padezca o aprenda a disfrutar. Escribo ahora desde la Ciudad de México, desde casa de mis padres, donde no vivo hace más de siete años pero que imagino cuando estoy lejos y me recuerdo que yo no soy de ahí. Arrastrando una maleta por Manhattan pensaba desde un largo lapso de felicidad pura e inocente, en que incluso las más profundas depresiones y la más oscura soledad, han sido interesantes. Ahora aquí, reconociendo y desconociéndome al mismo tiempo, observando mi relación con las personas y los objetos que me rodearon hasta hace año y medio, me pregunto cuál es la otredad. Me acostumbré a andar sin la seguridad del pasado, a la descomposición, a mi propia ausencia pero ahora no cómo no ser sin perderme en la incredulidad.</p>
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		<title>Memo</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 14:09:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[En el parque del arco plagiado, con la fuente redonda donde los turistas se remojan en verano, escondí en un hueco de tierra, un poco de marihuana mexicana que encontré en un libro que traía en la maleta. En dos años trataré de encontrarla.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el parque del arco plagiado, con la fuente redonda donde los turistas se remojan en verano, escondí en un hueco de tierra, un poco de marihuana mexicana que encontré en un libro que traía en la maleta. En dos años trataré de encontrarla.</p>
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		<title>El Último Encuentro de Sándor Márai</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Oct 2011 05:16:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Uno se acuerda del principio con más precisión cuando se acerca el final.&#8221; Lo de Sándor Márai, como lo de tantos escritores emigrantes, es la soledad; basta con leer sus diarios para tejer correspondencias entre los protagonistas de esta pequeña novela y sus reflexiones personales, que ahora como documentos históricos, registran el deambular desde el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Uno se acuerda del principio con más precisión cuando se acerca el final.&#8221;</p>
<p>Lo de Sándor Márai, como lo de tantos escritores emigrantes, es la soledad; basta con leer sus diarios para tejer correspondencias entre los protagonistas de esta pequeña novela y sus reflexiones personales, que ahora como documentos históricos, registran el deambular desde el aislamiento al suicidio, en una insondable oscuridad un día de enero 1989 en San Diego, California.</p>
<p>Antes de la renunciar a la vida, publicó sin éxito, esta historia como A la luz de los candelabros, un título mucho más caprichoso, que el que edita hace varios años Salamandra. La historia se nos presenta en retrospectiva, late en su recuperación del pasado una desesperante búsqueda por el sentido a través de la mirada cruel, de quien se asoma a sí mismo con la cobardía que el paso del tiempo le confiere, desde la resignación a la que sólo se tiene derecho después de años de aislamiento voluntario. El vertigo ajeno que se experimenta al leer el registro de los últimos años del autor, coincide con el destino al que se rinden estos dos personajes que ante la muerte, han de encontrarse una última vez. Se lee un drama que sufre la pérdida de la inocencia en una clacisimo de fuertes y débiles, en el que laten creencias de lucidez que sólo un autor que ha padecido el exilio por sí mismo, puede representar en una novela sobre el abandono y sus lúgubres consecuencias.</p>
<p>&#8220;La soledad es un lugar lleno de secretos&#8230; Uno vive bajo un orden severo, y de repente, se vuelve loco&#8230; Y un día lo dejamos todo y echamos a correr, con un arma en la mano o sin ella, y sin arma es quizás más peligroso. Empieza una carrera por el mundo, con los ojos fijos en la nada&#8230; Vivir respetando un rito pagano y mundano, como un monje pero sin fe.&#8221;</p>
<p>El último encuentro acontece exactamente cuarenta y un años con cuarenta y tres días, entre dos personajes de la Hungría de los castillos con salones al estilo francés imperial, carruajes e institutrizes, que escenifica un relato que problematiza los límites de las relaciones humanas a partir de la amistad, la entrega, la fidelidad y el amor enmarcado en una dolor que no perdona.</p>
<p>&#8220;Las relaciones basadas en la simpatía que he visto nacer y desarrollarse entre los seres humanos han terminado ahogándose invariablemente en los cenegales de la egolatría y de la vanidad.&#8221;</p>
<p>Es una narración elegante, propia de la época en la que se lleva acabo, correspondiente a la caballerosidad que distingue a sus protagonistas: Henri y Konrad. Se conocen en la Academia Militar, condiciones específicas para medrarse una relación que el autor se ocupa de detallar con una precisión sorprendente, considerando que la profundidad de las relaciones humanas está generalmente, más allá de las palabras. Un general imperial, su mejor amigo, la amistad que los esclavizará a lo largo de años en los que permanece el misterio de una traición, que admirablemente, Márai confecciona de tal manera que la expectativa del último encuentro, se resuelve insospechadamente.<br />
El sobre salto de las últimas páginas, en las que como pocas veces, se vislumbran los matices que diferencian a la verdad de la realidad, es donde el lector agradecerá la calma que antecede, el paseo por la inspección de la naturaleza humana que ama a través de sus defectos, que a pesar de sí misma alcanza conexiones con otros seres humanos, en algunos párrafos envidiables. El final, insisto, es verdaderamente inteligente.</p>
<p>El último encuentro es una entrada a la literatura húngara de principios del siglo pasado, de un antifascista sobreviviente a la Segunda Guerra Mundial y culpable de más de cuarenta novelas. &#8220;Creo que uno no puede cambiar de patria ni una sola vez&#8221;. Sólo un escritor que no piensa volver a su país, Márai salió de Hungría en 1948, que encuentra más allá de las fronteras un refugio para su miseria, puede hacer hablar con tal autoridad a dos hombres que pueden percibir la muerte sin temerle, porque sólo esperan. El inminente trastorno del exilio, porque todo exilio es huida, fermentan la melancolía en el último encuentro, la fragilidad de la historia que a éste precede.</p>
<p>No podría yo, estimado visitante que me hace el favor, no decirle que en algunos puntos y comas, esta obra peca de sentimentalista, sin embargo, éste es el temperamento de la historia, le apostaría que se trata de las propiedades de un contexto centroeuropeo que por más ostentoso que llegase a parecernos en pleno siglo xxi, sin la menor tradición absoluta desarreglando nuestras perspectivas, hemos de juzgar la pieza mientras pende de un clavo al centro de una pared blanca que simula la nada. Es, entonces, probable que no estemos siendo capaces de renunciar a nuestra prejuiciosa modernidad, violando determinantemente el acuerdo autor-lector.</p>
<p>&#8220;El poder humano siempre conlleva un ligero desprecio, apenas perceptible, hacia aquellos a quienes dominamos. Solamente somos capaces de ejercer el poder sobre las almas humanas si conocemos a quienes se ven obligados a someterse a nosotros, si los comprendemos y si los despreciamos con muchísimo tacto.&#8221;</p>
<p>¿Qué es el ser humano sino el contraste entre sus ilusiones y posibilidades? Si la literatura es siempre más que literatura, esta novela es, primero en tercera persona, después en diálogo, una mirada a la búsqueda de la verdad, a las antiguas usanzas de la filosofía.<br />
Una traición, la eliminación de todo lo que juntos han construido, la posibilidad de un hombre de matar por dentro a otro sólo se da en condiciones de profunda amistad. La decisión de hacerlo, cuando se trata de una felicidad por otra, es la historia de la humanidad.<br />
Si el efecto, es el aquí conjurado, lea usted también: Confesiones de un burgués.</p>
<p>El último encuentro<br />
Sándor Márai<br />
Ed. Salamandra<br />
188 páginas.</p>
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		<title>Lecturillas</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 08:52:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por aquí se puede leer la entrevista que tuve la suerte de hacer a Peter Hook para El Ángel del Reforma. Y por aquí la entrevista a Valeria Luiselli, que ha recientemente publicado su primera obra de ficción a tan pocos años en este sucio mundo en el que todos necesitamos historias y afortunadamente hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por <a href="http://www.reforma.com/cultura/articulo/626/1250964/" title="PH" target="_blank">aquí</a> se puede leer la entrevista que tuve la suerte de hacer a Peter Hook para El Ángel del Reforma. </p>
<p>Y por <a href="http://newsweek.mx/index.php/Newsbeast/valeria-luiselli-y-la-reinvencion-perpetua.html" title="Entrevista Luiselli" target="_blank">aquí</a> la entrevista a Valeria Luiselli, que ha recientemente publicado su primera obra de ficción a tan pocos años en este sucio mundo en el que todos necesitamos historias y afortunadamente hay personas con el talento como el de ella para contarlas. </p>
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		<title>08/08</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 02:32:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo que mi papá no nos había contado, que me lo dijo su hermano mayor, este verano en las Islas Canarias, es que llegó de Madrid a Paris, no por cuestiones de educación superior, (y que haciendo conciencia nunca en sus relatos reparó en la causa, por misterios de la tradición oral, de un momento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que mi papá no nos había contado, que me lo dijo su hermano mayor, este verano en las Islas Canarias, es que llegó de Madrid a Paris, no por cuestiones de educación superior, (y que haciendo conciencia nunca en sus relatos reparó en la  causa, por misterios de la tradición oral, de un momento a otro en la historia, aparece en otro mapa); sino por una francesita que conoció estudiando economía.<br />
Y mientras observo las manchas que flotan por su piel tan blanca, en silencio me consulto si le preguntaré por aquella mujer que lo llevo de un país a otro, donde casi diez años después la que escribe tiene origen.</p>
<p>Una que otra relación a distancia me ha premiado con el alboroto setimental de esperar y ser esperado en el aeropuerto por alguien, a quien no ves hace meses, que quieres. El castigo correspondiente está agendado en unos días en el mismo lugar, con el derramamiento de lágrimas por la causa opuesta.<br />
Lo siguiente puede resultarle, querido lector, de una ridiculez insoportable, pero esperar un año por mi padre, ha sido un sufrimiento innecesario agregado a otros malestares de la existencia cotidiana en la otredad. En esas horas en donde las llegadas del aeropuerto, mi sonrisa era del tamaño de la terminal. Por azares del destino, ese mismo día, cumplía un año de haber llegado yo misma a una nueva vida, de la que estoy segura, estarán hartos de leer en este maldito blog, mis complicaciones al respecto.<br />
La espera es un estado emocional extremo. El precio, desde luego, no es recomendable, pero ciertamente, se experimenta una felicidad desmedida por la neurosis, que en el momento se agradece y después, como toda respetable sensación, se olvida el climax, pero queda una estela en la memoria, de aquellos pequeños instantes en los que el cuerpo y la mente no nos pertenecen. </p>
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		<title>Welcome back!</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jul 2011 15:50:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El vuelo fue desesperadamente largo, antes de despegar estuvimos una hora o más detenidos en el tráfico de aviones. Casi diez horas en un asiento de dimensiones incómodas. Escuché, platiqué, comí un par de veces, fui al baño sin necesidad, dormí y desperté una y otra vez, y las nubes aún estaban debajo. Nueva York, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El vuelo fue desesperadamente largo, antes de despegar estuvimos una hora o más detenidos en el tráfico de aviones. Casi diez horas en un asiento de dimensiones incómodas. Escuché, platiqué, comí un par de veces, fui al baño sin necesidad, dormí y desperté una y otra vez, y las nubes aún estaban debajo.<br />
Nueva York, otra vez tu.<br />
Esta segunda vez nos conocemos, tenemos una relación que ha dejado de sorprenderme, lo cual agradezco.<br />
&#8220;Welcome back!&#8221; Me dijo el agente de aduana. Siempre temo a los de su clase, ruego en la fila de no residentes porque el oficial en turno esté de buen humor.<br />
Destino final, estabilidad alquilada.<br />
No vuelvo a casa, mi casa es la capital de un país vecino que a traviesa por una brutal guerra civil, que reporta inocentes muertos cada mañana en los informativos que leo a la distancia. Aterrizo a destiempo, a esta realidad paralela en la que desperté hace exactamente un año, que me desmembró de todo lo que hasta ese momento creí que era.<br />
Dejarlo todo y a todos es una experiencia vivencial. Aún no sé cómo comenzar a describir lo que realmente significa empezar de cero. Todo y todos aquellos que forman parte de tu vida, desaparecen. Tu trabajo, no lo tienes que hacer. La estación de radio a la que vas cada noche a hacer un programa para el que te preparas durante el día, no está aquí. Tu padre, al que ves de lunes a viernes a las 10PM, no está aquí. Tus compañeras de casa con las que tomas café por las mañanas, y comes lo que haya por las tardes, no están aquí. La comida que compras en el supermercado al que vas caminando, no está aquí. Tus amigos, con los que compartes la existencia, no están aquí. La ausencia es irreversible.<br />
La conciencia de la pérdida sorprende después, silenciosa e intempestivamente con la naturalidad de una lógica superior que de un paso a otro, en cualquier calle del East Village, se nos revela. Los pies no titubean, continúan.<br />
Después del asombro por la otredad, un periodo atemporal en el que el desprendimiento es automático para el curioseo, sólo queda la soledad y la incomprensión.<br />
Caminé y caminé, dicerní. Suponiendo en la contemplación del que lentamente se asume como extranjero, que el entendimiento no es una estación del metro.</p>
<p>Aterrizamos en un día nublado del verano neoyorkino. Calor repugnante, húmedo. Unos minutos en la calle distinguen a los que sudamos hasta por el bigote, de quienes a cuarenta grados no segregan una sola gota. En el metro decidí sonreirle a la que se reía enfrente de mi, por unas líneas en unas hojas impresas que iba subrayando, en otros tiempos de mayor inseguridad, me hubiese resultado casi impropio semejante deliberación en un encierro transportista, en el que todos sabemos que nadie puede demostrar mundanidad. Hubiera querido saber de qué se reía.<br />
Yo no soy de aquí y usted tampoco, sin embargo, cedemos a las convenciones sociales que nos mantienen aparentemente indiferentes en los espacios comunes.<br />
Mi país está aquí abajo, y afortunadamente, a la hora que me de la rechingada gana me regreso.<br />
La línea A que viene desde Howard Beach en el aeropuerto, me deja en Hoyt, en ese momento es un lujo no tener que trasbordar, camino unas pocas calles a la que será mi casa durante el próximo año académico. Es un barrio silencioso de casas construidas a lo alto y a lo largo. La habitación del cuarto piso, que da a la calle, es la mía. Tiene un futón, tres estantes que ocuparán los libros que aún esperan en Bushwick y un armario vacío.</p>
<p>Llego a esta ciudad, que no es ni será mía, pero con la que tengo un acuerdo de paz. No tengo la menor intención de salir a caminar, de estrenarme como habitante de esta zona de Brooklyn. Elegí esta casa o esta casa me eligió a mi, para darle mejores condiciones a mi soledad.<br />
De un momento a otro, sin ser conciente de ello, se extinguió la necesidad de pertenecer, al contrario, aceptando que no perteneceré aquí como tampoco volveré a pertenecer a ninguna de las casas que antes habité o habitaré, el exterior ha dejado de ser un espacio de incesante búsqueda de mi misma, para convertirse en un paisaje peculiar que resulta ser circunstancial.<br />
La lucha por la conquista espiritual de Nueva York está perdida desde que se aterriza. Esta es tierra de nadie. La que parece ser la ciudad a donde las personas vienen a ser alguien, ese alguien que siempre han querido ser, es también a donde otras personas venimos a no ser nadie, ese nadie que siempre hemos querido ser, para escapar de todas y cada una de las sociedades a las cuales accedemos, de manera literaria, a través de las primeras planas.</p>
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		<title>Thievery Corporation @ Williamsburg Waterfront</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jun 2011 15:53:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rock]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.shubidubi.net/wp-content/uploads/2011/06/20110625-115348.jpg"><img src="http://www.shubidubi.net/wp-content/uploads/2011/06/20110625-115348.jpg" alt="20110625-115348.jpg" class="alignnone size-full" /></a></p>
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		<title>Nane</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jun 2011 01:41:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La verdad es que llevo todo el día haciendo algo más que escribir un cuento. Pocas cosas son tan claras como la evasión de la responsabilidad única que satisface los requerimientos de mi existencia más o menos digna. Más menos que más. La lucha inagotable contra mi misma define las perspectivas por las que viajan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La verdad es que llevo todo el día haciendo algo más que escribir un cuento. Pocas cosas son tan claras como la evasión de la responsabilidad única que satisface los requerimientos de mi existencia más o menos digna. Más menos que más. La lucha inagotable contra mi misma define las perspectivas por las que viajan los fluidos de mi vergüenza espesa. Y la modestia bien organizada y la poesía de la autolamentación que se arrepiente de haber escrito &#8220;poesía&#8221;. Estamos todos muy equivocados. La imaginación está fermentando los neoclásicos para presentarlos una vez más ante la sociedad esclavizada por el capitalismo del que todos somos cómplices. De la desigualdad, ni hablamos. </p>
<p>Y ¿dónde quedó Violeta? </p>
<p>¿Y por qué Sofía no llamó después de su propia exposición para avisarnos que se acabaron los martinis secos en el barrio latino de Paris, al que nunca volveremos? No siempre tendremos la ciudad de las luces porque nunca la hemos tenido. </p>
<p>Y Pablo está allá abajo, con sus tenis que lo mismo sirven para leer libros de Elvira Lindo en un sótano de Nueva York, que para escalar uno de todos los montes a los que tiene pensado huir, por placer periodístico, antes de morir. </p>
<p>Son las nueve con treinta y dos minutos de la noche de sábado, y de Violeta no se sabe nada. Menos mal que es imaginaria, que como suene mi teléfono y del otro lado de la línea una voz femenina me dice que a ver a qué mentada hora se me da la gana volver a escribirla, me creo de una vez por todas que me he vuelto loca. Como sólo tu sabes que sí, que desde que dejé México, me perdí unas varias corduras e inocencias que cambié por otras en la oficina de estudiantes internacionales, donde sin avisarle a uno, le toman una foto en el peor día del empeoramiento físico, consecuente del verano asqueroso, para la identificación oficial. </p>
<p>Por ahí anda Molea, a quien luego habrá que rogarle que venta nuestros libros, impresos, de preferencia, en su maquinita a la vista por más o menos veinte dólares cada uno. Dependiendo de cuántas páginas se logre extender el cliente, que en este caso el es el autor y no el lector.<br />
Pero todavía no, todavía le podemos sonreir en las presentaciones de Silvia Molloy a selectos, no por Granta, escritores latinoamericanos, por no decir más bien argentinos, de novelas que en la sección de preguntas y respuestas, resulta que la ficción acontenció en la leche materna del personaje que nació en Buenos Aires, que pretendió la exportación, para jugar al reportero desde el exilio voluntario al que nunca podrá renunciar. </p>
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		<title>Visitas</title>
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		<pubDate>Sun, 29 May 2011 04:09:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Elvis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Yo sabía, no por experiencia sino por una suerte de intuición adquirida con tantísimos recorridos en el metro neoyorkino, que llegaría de Chelsea al aeropuerto, en menos de una hora, pero Raúl, que como buen español se le dan naturalmente las precauciones, insistió en que por las volteretas que da la línea C, haría como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo sabía, no por experiencia sino por una suerte de intuición adquirida con tantísimos recorridos en el metro neoyorkino, que llegaría de Chelsea al aeropuerto, en menos de una hora, pero Raúl, que como buen español se le dan naturalmente las precauciones, insistió en que por las volteretas que da la línea C, haría como mínimo una hora y media, que encima había que tomar el tren del aire que para colmo, son cinco mentados dólares. Y yo en cambio, me pasé de camino por el Chelsea Market, tan insoportablemente gourment que es, y me hice de un muffin integral, que para las siete de la noche ya estaban al dos por uno, y así no pasar hambres en el recorrido de una hora que me aguantaría. No sólo me tardé menos de una hora sino que el vuelvo procedente de Mexico City en el que viene la mujer que me dio la vida, a quien no veo hace más de diez meses, no ha siquiera aterrizado. Le traje un muffin integral, porque cómo la conozco, que sé que viene con hambre.<br />
Y en el aeropuerto, la espera es mucho menos interesante que en la sala de urgencias. Porque aquí, todos estamos burdamente desesperados por largarnos, allá los pensamientos se encomiendan al bienestar propio o del propio pero por el bienestar del otro, y, en el peor de los casos, por la profunda angustia de la cuenta del hospital, que en este país neoliberal, alcanzan cifras estratosféricas que esclavizarán al expaciente hasta la descendencia.<br />
Y veo en la pantalla que ya aterrizó, y que bueno, porque no me puedo concentrar en la lectura a Mishima. Y qué emoción, voy a abrazar a mi mamá.</p>
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