Archive for the ‘privado’ Category

08/08

Sábado, agosto 13th, 2011

Lo que mi papá no nos había contado, que me lo dijo su hermano mayor, este verano en las Islas Canarias, es que llegó de Madrid a Paris, no por cuestiones de educación superior, (y que haciendo conciencia nunca en sus relatos reparó en la causa, por misterios de la tradición oral, de un momento a otro en la historia, aparece en otro mapa); sino por una francesita que conoció estudiando economía.
Y mientras observo las manchas que flotan por su piel tan blanca, en silencio me consulto si le preguntaré por aquella mujer que lo llevo de un país a otro, donde casi diez años después la que escribe tiene origen.

Una que otra relación a distancia me ha premiado con el alboroto setimental de esperar y ser esperado en el aeropuerto por alguien, a quien no ves hace meses, que quieres. El castigo correspondiente está agendado en unos días en el mismo lugar, con el derramamiento de lágrimas por la causa opuesta.
Lo siguiente puede resultarle, querido lector, de una ridiculez insoportable, pero esperar un año por mi padre, ha sido un sufrimiento innecesario agregado a otros malestares de la existencia cotidiana en la otredad. En esas horas en donde las llegadas del aeropuerto, mi sonrisa era del tamaño de la terminal. Por azares del destino, ese mismo día, cumplía un año de haber llegado yo misma a una nueva vida, de la que estoy segura, estarán hartos de leer en este maldito blog, mis complicaciones al respecto.
La espera es un estado emocional extremo. El precio, desde luego, no es recomendable, pero ciertamente, se experimenta una felicidad desmedida por la neurosis, que en el momento se agradece y después, como toda respetable sensación, se olvida el climax, pero queda una estela en la memoria, de aquellos pequeños instantes en los que el cuerpo y la mente no nos pertenecen.

Welcome back!

Sábado, julio 30th, 2011

El vuelo fue desesperadamente largo, antes de despegar estuvimos una hora o más detenidos en el tráfico de aviones. Casi diez horas en un asiento de dimensiones incómodas. Escuché, platiqué, comí un par de veces, fui al baño sin necesidad, dormí y desperté una y otra vez, y las nubes aún estaban debajo.
Nueva York, otra vez tu.
Esta segunda vez nos conocemos, tenemos una relación que ha dejado de sorprenderme, lo cual agradezco.
“Welcome back!” Me dijo el agente de aduana. Siempre temo a los de su clase, ruego en la fila de no residentes porque el oficial en turno esté de buen humor.
Destino final, estabilidad alquilada.
No vuelvo a casa, mi casa es la capital de un país vecino que a traviesa por una brutal guerra civil, que reporta inocentes muertos cada mañana en los informativos que leo a la distancia. Aterrizo a destiempo, a esta realidad paralela en la que desperté hace exactamente un año, que me desmembró de todo lo que hasta ese momento creí que era.
Dejarlo todo y a todos es una experiencia vivencial. Aún no sé cómo comenzar a describir lo que realmente significa empezar de cero. Todo y todos aquellos que forman parte de tu vida, desaparecen. Tu trabajo, no lo tienes que hacer. La estación de radio a la que vas cada noche a hacer un programa para el que te preparas durante el día, no está aquí. Tu padre, al que ves de lunes a viernes a las 10PM, no está aquí. Tus compañeras de casa con las que tomas café por las mañanas, y comes lo que haya por las tardes, no están aquí. La comida que compras en el supermercado al que vas caminando, no está aquí. Tus amigos, con los que compartes la existencia, no están aquí. La ausencia es irreversible.
La conciencia de la pérdida sorprende después, silenciosa e intempestivamente con la naturalidad de una lógica superior que de un paso a otro, en cualquier calle del East Village, se nos revela. Los pies no titubean, continúan.
Después del asombro por la otredad, un periodo atemporal en el que el desprendimiento es automático para el curioseo, sólo queda la soledad y la incomprensión.
Caminé y caminé, dicerní. Suponiendo en la contemplación del que lentamente se asume como extranjero, que el entendimiento no es una estación del metro.

Aterrizamos en un día nublado del verano neoyorkino. Calor repugnante, húmedo. Unos minutos en la calle distinguen a los que sudamos hasta por el bigote, de quienes a cuarenta grados no segregan una sola gota. En el metro decidí sonreirle a la que se reía enfrente de mi, por unas líneas en unas hojas impresas que iba subrayando, en otros tiempos de mayor inseguridad, me hubiese resultado casi impropio semejante deliberación en un encierro transportista, en el que todos sabemos que nadie puede demostrar mundanidad. Hubiera querido saber de qué se reía.
Yo no soy de aquí y usted tampoco, sin embargo, cedemos a las convenciones sociales que nos mantienen aparentemente indiferentes en los espacios comunes.
Mi país está aquí abajo, y afortunadamente, a la hora que me de la rechingada gana me regreso.
La línea A que viene desde Howard Beach en el aeropuerto, me deja en Hoyt, en ese momento es un lujo no tener que trasbordar, camino unas pocas calles a la que será mi casa durante el próximo año académico. Es un barrio silencioso de casas construidas a lo alto y a lo largo. La habitación del cuarto piso, que da a la calle, es la mía. Tiene un futón, tres estantes que ocuparán los libros que aún esperan en Bushwick y un armario vacío.

Llego a esta ciudad, que no es ni será mía, pero con la que tengo un acuerdo de paz. No tengo la menor intención de salir a caminar, de estrenarme como habitante de esta zona de Brooklyn. Elegí esta casa o esta casa me eligió a mi, para darle mejores condiciones a mi soledad.
De un momento a otro, sin ser conciente de ello, se extinguió la necesidad de pertenecer, al contrario, aceptando que no perteneceré aquí como tampoco volveré a pertenecer a ninguna de las casas que antes habité o habitaré, el exterior ha dejado de ser un espacio de incesante búsqueda de mi misma, para convertirse en un paisaje peculiar que resulta ser circunstancial.
La lucha por la conquista espiritual de Nueva York está perdida desde que se aterriza. Esta es tierra de nadie. La que parece ser la ciudad a donde las personas vienen a ser alguien, ese alguien que siempre han querido ser, es también a donde otras personas venimos a no ser nadie, ese nadie que siempre hemos querido ser, para escapar de todas y cada una de las sociedades a las cuales accedemos, de manera literaria, a través de las primeras planas.

Visitas

Sábado, mayo 28th, 2011

Yo sabía, no por experiencia sino por una suerte de intuición adquirida con tantísimos recorridos en el metro neoyorkino, que llegaría de Chelsea al aeropuerto, en menos de una hora, pero Raúl, que como buen español se le dan naturalmente las precauciones, insistió en que por las volteretas que da la línea C, haría como mínimo una hora y media, que encima había que tomar el tren del aire que para colmo, son cinco mentados dólares. Y yo en cambio, me pasé de camino por el Chelsea Market, tan insoportablemente gourment que es, y me hice de un muffin integral, que para las siete de la noche ya estaban al dos por uno, y así no pasar hambres en el recorrido de una hora que me aguantaría. No sólo me tardé menos de una hora sino que el vuelvo procedente de Mexico City en el que viene la mujer que me dio la vida, a quien no veo hace más de diez meses, no ha siquiera aterrizado. Le traje un muffin integral, porque cómo la conozco, que sé que viene con hambre.
Y en el aeropuerto, la espera es mucho menos interesante que en la sala de urgencias. Porque aquí, todos estamos burdamente desesperados por largarnos, allá los pensamientos se encomiendan al bienestar propio o del propio pero por el bienestar del otro, y, en el peor de los casos, por la profunda angustia de la cuenta del hospital, que en este país neoliberal, alcanzan cifras estratosféricas que esclavizarán al expaciente hasta la descendencia.
Y veo en la pantalla que ya aterrizó, y que bueno, porque no me puedo concentrar en la lectura a Mishima. Y qué emoción, voy a abrazar a mi mamá.

Aún de noche

Domingo, marzo 13th, 2011

Cansancio extremo. Me esfuerzo por trabajar en la biblioteca pero la conexión es pésima y desgraciadamente necesito verificar unos varios datos científicos sobre la esquizofrenia. Son las nueve diecisiete de la noche, debería de mudarme a un café antes de desfallecer en esta incómoda mesa escuchando el sonido de la presión de todos los dedos que al mismo tiempo teclean.

La clase de Muñoz Molina comenzó mejor de lo que terminó. Alguien comentó sobre el hábito de oler los libros antes de comprarlos, después de que Muñoz Molina compartió su emoción por dos libretas recién adquiridas en un local de la calle trece, que parece que piensa usar para su nuevo libro. Entonces él contestó que podría establecerse una nueva actividad: oleer los libros. Más adelante hablamos de una novela que la otra mexicana de la clase escribió en el salón de clases de su secundaria a manera de chismógrafo literario.

La primera pregunta seria de los chismógrafos de la primaria era: ¿quién te gusta del salón?

Leí mi texto sobre el cuadro de Hopper. Las lecturas en voz alta en la clase me pierden.
Al final me pidió una crónica de SXSW.

Por la mañana madrugué para ordenar las notas del Desierto y su semilla de Jorge Barón Biza que tenía que entregar a Paula hace ya no sé cuántas semanas, hoy que por fin que se lo regresaría, no vino. Algunas frases memorables:

“La versión pueblerina italiana me sirve más: el avance de Dios por exceso de tiempo y creación, por casualidades, por disonancias, por contradicciones. Dios no puede ser algo tan delicado como el vacío ni tan simple como lo inconfundible. A Él le sirven todos los materiales, hasta los deberes mal hechos y las narigonas.”

“Imágenes del otro que sólo nosotros presenciamos y que nos hacen testigos y depositarios de lo más valioso y frágil de esa persona, su existencia contingente que necesita de nuestro testimonio para no desaparecer. Una obligación de vivir conservando los mejores momentos del ser que amamos.”

Semana No. 3

Domingo, agosto 29th, 2010

Un mesero hace más de setecientos dólares a la semana trabajando ocho horas durante seis días. Una renta cuesta en promedio setecientos dólares por habitación, más de la mitad de la beca. Un café cuesta dos dólares. Un café helado en tiempos de calor cuesta tres dólares. Una botella de agua podría costar un dólar. La cerveza más barata cuesta dos dólares, el billar, la música y los borrachos con mal aliento no tienen precio. Una Tecate + un shot te tequila cuesta cinco dólares en el bar de la esquina. Un six pack de marca registrada en el supermercado favorito cuesta cuatro dólares, ocho si se trata de cerveza irlandesa negra. Una ensalada pequeña cuesta siete dólares, es suficiente. Un irresistible helado de yogurt sabor a té verde de toppings ilimitados cuesta cuatro dólares. Una sopa en Whole Foods cuesta tres dólares, carísima. Un litro de leche cuesta tres dólares en Trader Joe´s. Un boleto del metro cuesta dos punto veinticinto dólares, la tarjeta de viajes ilimitados cuesta noventa dólares. El cine cuesta doce o cartorce dólares, quizás algún día. Una bicicleta puede comprarse con suerte en ochenta dólares usada, el candado cuesta veinte dólares, del casco no he querido saber. Unos lentes, mica + armazón, cuestan ciento ochenta dólares. Un paquete de pan integral cuesta un dólar con cuatro centavos en Chinatown. Un aguacate puede costar hasta 4 dólares con los granjeros orgánicos del mercado itinerante de Union Square.  Una lata de atún cuesta un dólar con treinta y cinco centavos. Un covertor de plumas cuesta veintinueve  punto setenta y cuatro dólares en Target. Un libro cuesta de diez a veinte dólares con impuesto, un libro usado de uno a cinco dólares en Housing Works, donde todas las ganancias son destinadas a la beneficencia de personas que viven en la calle y enfermos de VIH.

El calor asqueroso fascina a los locales, el aire acondicionado es un arma de doble filo. Cine gratis, proyecciones al aire libre, exposiciones callejeras y galerías abiertas con vino gratuito los sábados por la tarde. Museos que ofrecen conciertos. Escenarios en cada parque, jazz, rock, blues, música clásica, electrónica, afroperuana, toda la música. Festivales de cine latino, de cine mudo, de cine neoyorkino, de cine para niños, de cine de culto, de documentales e indocumentales. Festivales de literatura. Picnics. Mercados de pulgas.  Techos dispuestos a recibir cuanto humano no quiera dormir, indués, chinos, koreanos, japonéses, mexicanos, argentinos, chilenos, ingléses, irlandéses, colombianos, por mencionar a unos cuantos eternamente asombrados ante la vista de Manhattan a un río de distancia.

Qué hacemos aquí, hace cuánto llegamos, por cuánto tiempo. No lo sabemos. No queremos saberlo.

Una cajetilla de cigarros cuesta $11usd

Lunes, agosto 16th, 2010

Escribo este post desde un café en Brooklyn, a una semana exactamente de haber llegado a Nueva York.

Ojalá fuera posible que todos los seres humanos experimentaran por una vez en su vida el no ser absolutamente nadie entre paisajes desconocidos y que la causa del maravilloso desencuentro fuera un sueño por hacer realidad.

Ahora mismo me parece que no existe mayor fortuna que la no pertenecia.

Dejar México y llegar sola a Nueva York es lo más liberador que he experimentado.
Me pierdo cada día entre miles de seres humanos que igual que yo llevan su pasado en el corazón y el futuro en su imaginación.

Todo es una sorpresa, imposible perder la capacidad de asombro, las personas, de cualquier color y sabor, las estaciones de metro, los conciertos, los grupos sobre el escenario, los aplausos. La gran cantidad de ciclistas, el calor desproporcionado del verano, la lluvia que agradecemos. Las monedas que no logro identificar, el cambio que acumulo en un botecito para no pasar verguenzas usándolo. Las personas que celebran mi nacionalidad sin haber ido a México jamás. Los debates políticos en las lavanderías. El ilimitado esfuerzo de los inmigrantes por mantener sus barrios tan arraigados comos se pueda en su cultura. La comida internacional. La heterogeneidad. Quienes te llevan hasta donde vas. El silencio inexistente. Los helados de yogurt, el café helado. El agresivo aire acondicionado. La infinidad de historias que escuchar. Cruzar en cámara lenta un puente hacia una isla donde incontables seres humanos hacen su vida. Ver agua cada día.

Constantemente olvido quién soy, quién era y a qué he venido. Si estoy aquí de paso o si tarde o temprano me acostumbraré.

Aquí todo sucede al mismo tiempo, “you have to let go the feeling that you are missing something”, me dicen.

“No tengo nada que ver conmigo mismo” – Oliveira.

(En Nueva York la leche de soya no se diluye en el café.)

¿A dónde van los años pasados?

Lunes, julio 12th, 2010

Hoy empieza mi última semana en el radio. No me encuentro bien, nada bien. Ya me falta el aire o es que la profunda tristeza de la despedida me asfixia por la próxima falta de aire. Mi corazón se acelera y en mis ojos comienza a llover.

¿Cómo será la vida cuando ya no sea locutora? ¿Cuándo den las siete de la noche y no tenga que correr a la estación? ¿Qué será de mis noches? ¿Qué será de mi vida fuera de una cabina? ¿Qué será de mi sin recomendar libros entre canciones?

Muero, un poco, por dentro. Fallece una parte de mi, una grande. Se queda aquí.

Comienza afectarme el vacío, la falta del personaje que encarna mi verdadero yo, que hace demasiado tiempo que no distingo si Elvis hace a la Reina Duende o si la Reina Duende juega a ser Elvis. Si todo es una mentira y la única verdad es la que se comunica y desaparece instantáneamente… Hablando a nadie y a todos, en un micrófono misterioso dentro de una pequeña cajita de cristal perdida en una gran ciudad, donde nunca estamos seguros de que alguien allá afuera sepa de nuestra existencia. Donde la soledad no tiene condiciones de posibilidad y la compañía es tan imaginaria como real.

¿A dónde van los años pasados?

¿Quien soy si no soy una voz?

Más me vale ser Elvira y escribir muy bien, escribir mejor.

Veo Duendes

Lunes, julio 12th, 2010

Esta semana es mi última semana en Reactor. Ojalá tuviera las palabras para expresar la profunda tristeza que me causa la despedida. Veo Duendes, así como lo fueron Elviernes y Antisocial, han sido, tan ridículo como pueda interpretarse, lo más bonito que he tenido en la vida, después de la Alfabetización.

Veo Duendes ha sido la oportunidad más alucinante que he tenido de tocar la vida de incontables seres humanos, através de canciones maravillosas que enaltecen el espirítu en un contexto económico, social y políticamente desalentador que condiciona nuestro México actual.
Recomedaciones de libros, películas y todo aquello que me ha cambiado la vida, esperando que al público le suceda igual.

Para mi el hacer un programa de radio ha sido un servicio social, que en retrospectiva, siempre pude haber hecho mejor, siempre pude haber dicho más.
Dejar mi programa de radio es dejar mucho de lo que soy, la Reina Duende se queda con ustedes, en el recuerdo.

Me marcho a Nueva York.

Después de haber hecho un sueño realidad, me voy para hacer realidad otro. Porque espero que después de ver duendes a partir de una voz, de ahora en adelante los vean aparecer a partir de letras.

“Estaré en la última playa del universo, esperándome.”

Martes, junio 8th, 2010

Se fue la luz. Caminé hasta la puerta en la calle, no se ve nada. El mundo exterior ha desaparecido. Es casi la media noche, aquí dentro un poco de lastimante luz me ilumina. Me obligo a escribir, al refugio de las letras que me acercan a mi. Hace tiempo que me encuentro lejos. Me pierdo en entre la razón y el deseo, enemigos míos.

En abril me titulé. Sí, ¡lo logré! Después de medavergüenzadecircuantos años después, defendí en un vestido rojo el acontencimiento de la filosofía en la literatura como proyecto social, ante tres sinodales.
Una nueva veta, la posibilidad de ejercerla. La gran celebración.
Un título. Díganme licenciada. Un ciclo que acaba.

Coachella, sin permiso, el reencuentro de lo insoportable. El hermoso pasado inmediato y Los especiales.

A la semana siguiente un correo electrónico me informaba extraoficialmente que fui aceptada en la M.F.A. in Creative Writing in Spanish en NYU. A mi padre no le sorprendió. Yo aún no lo puedo creer.

El Vive Latino, disfrutándolo secretamente como si fuera el último que transmito.

Unos días después, una llamada desde un departamento en la Colonia Cuauhtemoc confirma las sospechas previas, la universidad me otorga una beca completa + gastos de vida. Lloro, lloran.

Un restaurante a unas cuadras que pudo haber estado en Paris. Mi francés no alcanza a pedir toda la orden sin el auxilio del español. El amor. La luna llena desde la azotea.

Me voy, aún no lo puedo creer.

La decisión del desamor.
Comienza la cuenta regresiva por un sueño hecho realidad.
Nueva York.

Bloqueo de escritor. Encías sangrantes. El abandono de mi misma ante la pronta extinción de mi propia voz.

Cumplo 27 años en el abismo. Demasiados.

Thessala: “Este hombre sueña que en algún la parte del mundo encontrará a una mujer que desde siempre ha sido suya. Cada día toma su pluma y le escribe.”

Aprendo a leer los sueños ajenos sobre un escenario debajo un cielo que cambia de lugar. Aplausos.
Visto de negro al lado de un almirante, mi padre.

Hey, That’s No Way To Say Goodbye

Lunes, julio 27th, 2009

Regresé. ¿No quisiéramos irnos para no volver? ¿No queremos poner un bar en la playa? ¿Qué tal ir con una mochila en la espalda a todo Sudamérica, Europa y Asia? ¿No quisiéramos dejar la oficina y la vida pasiva? Viajar es un privilegio inestimable. Viajar no tiene igual, ni el mejor de los turismos virtuales, lo sustituye. Alguien decía que si la vida es leer, si no se viaja es como haber leído un sólo libro, o algo así. Quiero más, quiero viajar más. Quiero viajar sin tener que regresar.
Pero claro, no podemos, no tenemos ni rumbo ni dinero. La vida es cruel.
Y volver es complejo y deprimente, porque todo sigue igual, pero uno se ha ido, ha visto, comido, respirado y experimentado pura novedad. Hace una noche me encontraba en el fin del mundo, en el polvo de nieve que cubre Los Andes, y ahora, unas horas después estoy en el verano mexicano. Qué extraño. ¿Cómo entenderlo? De un espacio a otro tan lejano en un tiempo tan corto.
Lo que no sé, porque no existe un manual para la readaptación, es cómo comenzar la rutina otra vez.

Working Class Hero – Lennon

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Hey, That’s No Way to Say Goodbye – Leonard Cohen

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Take Care Of Business – Nina Simone

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Techo

Martes, junio 24th, 2008

Con su permiso, me he tomado la libertad de pasar la noche en este lugar. Afuera aún llueve dramaticamente. Busco un refugio nocturno al frío y a la soledad. De aquellos accidentes mojados que límpian el alma hasta la oscuridad. Encontré en esta casa una llama encantada que me miraba, que me invitó a pasar. Vengo de un sueño del que he de despertar, de paseos etéreos y personas perfectas que no existen en la realidad. Llego cansada del amor y del tiempo tan lento para el corazón. Renuncio a los celos y al juego de toda pasión. Procúreme un techo protector.

Hola

Miércoles, mayo 21st, 2008

He vuelto, sana y salva. Quizás un poco más chifalda porque con el trabajo de estos días he perdido un poco la razón, por abusar de la misma. Las buenas noticias son que estoy muy cerca de la titulación, estudié filosofía en la UNAM, por si no se los conté antes; terminé por fin la tesina y comienzo a saborear mi libertad académica.  (Pronto diré “dígame licenciada”.)

Los he extrañado… durante mi ausencia, mi blogger interior sufrío una brutal represión que merece ahora su victoria. A partir de hoy postearé con la frecuencia de siempre y parece que tendré buenas sorpresas para todos ustedes. 

Caigo en cuenta de que este es uno de mis pocos posts directamente personales, no suelo hacerlo porque prefiero servirme de otros recursos para exponerme a mi misma, al menos lo intento. Pero ya entrada en confesiones: de momento voy por una ligera crisis de edad, cumplo este sábado 25 años, que no me digan que no es nada porque apuesto a que no fue fácil para nadie.

No hay mucho que contar al respecto, simplemente el tema de los cumpleaños me resulta conflictivo cada vez. Pero en esta ocasión, tengo unas ganas locas e inherentes de despreocuparme. Yo ya no estoy para estos duelos con el tiempo …por dios, que casi tengo 25 años.

Jugando al Radio

Lunes, abril 7th, 2008

Cuando era niña mis papás me regalaron una grabadora de dos cassettes, además de hacer mis propios mix tapes, la usaba para grabarme hablando de Michael Jackson y Madonna, que ese mismo año vinieron a la Ciudad de México y me hice de toda la memorabilia posible. En los siguientes quince años me distraje un sin fin de veces, cambié de intereses una y otra vez hasta que la alfabetización rural cambió mi vida y renuncié a todo lo que alguna vez tuve en la mente para concentrarme en salvar al mundo. Me enamoré por primera vez. Cuando descubrí que era imposible, me encerré por cuatro años en una biblioteca a estudiar filosofía, me enamoré por segunda vez, pero el amor es cruel y entre decepciones y aislamientos fatales huí una vez más. Por azares del destino una mañana llegué a Reactor 105.7FM a una diminuta oficina con Rulo, quien es hoy responsable de que tres años después de haber producido Antisocial y fungir como locutora itinerante, aquel acto de jugar al radio se convirtió en un sueño hecho realidad. Me enamoré por tercera vez.

Alumna

Martes, febrero 5th, 2008

Esta semana vuelvo a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Hace por lo menos dos años que debí haber terminado la carrera de filosofía y por el contrario me dejé llevar por la rutina extraescolar y poco a poco me pasó lo que le pasa a muchísima gente que jamás se titula, comencé a trabajar y cuando me di cuenta ya había decidido lo que sería de mi.

Si tuviera yo la puntería de que alguno de ustedes se identificara con mi situación, lean atentamente mis palabras expertas y no dejen de estudiar o se arrepentirán. No. Y no entenderán el por qué a menos de que dejen de hacerlo como yo y se ubiquen en el error. Este país necesita gente con estudios. El trabajo vendrá después.
(O antes, en caso de que no lo duden y decidan de que la escuela no es para ustedes. Que por las deficiencias del sistema educativo se comprende.)

Entre el radio, una agencia de castings de cine y un par de revistas conocidas, pasaron casi tres años desde que terminé el último semestre; con créditos pendientes, desde luego. Durante todo este tiempo pretendí hacer algo al respecto para no formar parte de la inmensa mayoría que pone en los papeles oficiales una palomita donde dice carrera trunca, pero la verdad es que la universidad pasó a convertirse en un episodio de cuatro años en mi pasado. Y ahora me he olbligado a revivirlo para completarlo. Y volveré siendo un extranjero, habiendo probado la decepcionante realidad del mundo de allá afuera. Sin palabras de consuelo para los que aún no la prueban, para los que todavía no participan del sistema. Me preguntarán y yo les diré que la vida no me gustó y regresé.

Mentira. La vida no es así. Eso es sólo porque estudié filosofía y el mundo resulta inhóspito para quienes se lo preguntan todo, todo el tiempo. A pesar de ello aprendemos a disfrutarla con la dosis de locura necesaria. Pero si estudiaron medicina o arquitectura, el panorama es más optimista, hay futuras construcciones mejores que las que ya hay y una enorme cantidad de enfermos que curar.Divago, lo siento. Ni los filósofos son inútiles al mundo ni hay medicos ni arquitectos que encuentren la satisfacción sólo en su función.

Quería manifestar el conflicto que me provoca volver a un lugar en el que me siento ajena, al cual tengo la sensación de que ya no pertenezco, pero que de hecho es así. Por el cual me reclamo en sus pasillos el paso del tiempo. Y busco empalmar el recuerdo con el regreso. Que cuando paso por ahí volteo y padezco una mezcla de nostalgia y culpa. Y ahora enfrento la culpa e intercambio la nostalgia por la intención de ser alumna esperanzada otra vez.

El año nuevo

Martes, enero 8th, 2008

Basta de vacaciones mentales. Me había resistido a la normalidad pero ha vuelto sin preguntarme, así que mejor darle por su lado que resagarce.

Un año nuevo, doce meses enteritos para planear. Planear es divertidísimo como la comodidad de pensar en el después. Lo fabuloso de los primeros días de enero es que todo lo que uno concibe sabe a ilusión y el futuro se presenta de lo más seductor.
Aún no sabemos si es tan sólo un espejismo.

Me encanta la primera parte del año porque me dura poquísmo, apenas y se sienten esos meses, cuando uno abre los ojos ya se va a acabar el año otra vez, sobre todo ahora que las navidades empiezan en octubre.
Llegué a este café con luz del día y a mi espalda está la noche, no sé qué hice todas estas horas. Lo mismo me pasa con el ciclo gregoriano anual, cuando llega el final no sé dónde estuve en el principio. Pero consumo la emoción de hacer planes y propósitos de la misma manera que consumo el analítico desenlace. Vomito en palabras todo lo que puedo sobre el año que termina y cuando no tengo más que despedir, lleno el hueco de angustia que alivio como todo el mundo que no sabe que la tuvo y me compro una agenda, apunto las cosas, hago una lista y me creo que voy a lograrlo todo. Dudarlo es parte del espectáculo, le da sabor al asunto. Si yo fuera de esas personas que cumplen lo que se proponen y acaban lo que empiezan, el tema del año nuevo no tendría gracia, pero como soy del inmenso promedio que dice que no fumará y que en julio en una borrachera se roba un cigarro de una cajetilla ajena de la manera más natural, enlistarse unas cuantas metas tiene mucho más sentido.

De modo que no es que sea de su incumbencia pero aquí están mis propósitos. Espero que me cuenten los de ustedes y a ver en qué unimos fuerzas.

  • Voy a leer un libro a la semana.
  • Dejaré de fumar.
  • Comeré frutas.
  • Me titularé.
  • Comenzaré a convertirme en la escritora que quiero ser.
  • Viajaré.
  • Crearé lo que en un futuro será una fundación de bibliotecas en comunidades rurales.
  • Y el amor… Lo más importante de todo es el amor.
  • Y como ven, este blog será un poco más personal.