Aphex Twin @ Coachella 08
Lunes, mayo 5th, 2008
Inmenso.

Inmenso.
Cuando era niña mis papás me regalaron una grabadora de dos cassettes, además de hacer mis propios mix tapes, la usaba para grabarme hablando de Michael Jackson y Madonna, que ese mismo año vinieron a la Ciudad de México y me hice de toda la memorabilia posible. En los siguientes quince años me distraje un sin fin de veces, cambié de intereses una y otra vez hasta que la alfabetización rural cambió mi vida y renuncié a todo lo que alguna vez tuve en la mente para concentrarme en salvar al mundo. Me enamoré por primera vez. Cuando descubrí que era imposible, me encerré por cuatro años en una biblioteca a estudiar filosofía, me enamoré por segunda vez, pero el amor es cruel y entre decepciones y aislamientos fatales huí una vez más. Por azares del destino una mañana llegué a Reactor 105.7FM a una diminuta oficina con Rulo, quien es hoy responsable de que tres años después de haber producido Antisocial y fungir como locutora itinerante, aquel acto de jugar al radio se convirtió en un sueño hecho realidad. Me enamoré por tercera vez.
Cómo odio este domingo. Su luz, su aire, el pasar de sus horas. Su cielo grotesco. Las formas y las figuras… deformes, marean. El sol hoy es una estrella que ha perdido la belleza.
Maldito el presente y su infame final. Por vivirlo y perderlo al mismo tiempo.
El futuro estará compuesto de recuerdos que hoy casi puedo tocar. Días desiertos de horizonte imperceptible. Noches de silencio aterrador.
De tu vacío está hecha mi soledad.
“¿Se encuentra usted bien señorita?” Preguntó el taxista a Margot desconsolada en el asiento trasero. Las lágrimas habían manchado su vestido azul de tristeza. Volteó de momento al conductor, afirmó entre sollozos y agradeció su preocupación. Mentía, evidentemente. “Perdone, no lo puedo evitar.” Y volvió la mirada a la noche perfectamente negra a través de la ventana. El sórdido ruido de los aviones despegando la abandonaba. El taxista amablemente le entregó un par de pañuelos, “descuide”. Revisó por el espejo retrovisor y continuó hacia el barrio indicado mientras pensaba que debía de ser muy duro dejar ir a alguien que se quiere.