El último café del Universo
Jueves, Enero 14th, 2010En el centro de la Habana hay un pequeño café llamado El último café del Universo. Ahí estaré a las tres del martes. Llevaré puesto un vestido azul color de mar, sin zapatos.
El se sentó en la mesa. Estaba muy nervioso. Ella tardaría un poco en llegar. El café de aquella ciudad en aquel barrio del fin del mundo parecía inspirado en los lugares de reunión de los Coefficients a principios del siglo pasado en Londres. Un lugar elegante pero sin egos intelectuales en la atmósfera. Vestigios del esplendor cubano. Él no sabía qué hacer, cómo esperar, jugaba con sus manos en la mesa mientras un hueco falso en el estómago le recriminaba. Registraba con la mirada el lugar. La decoración minimizaba el barroco de antaño con ornamentos modernos. Excepto porque en todo el lugar no había ni un sólo foco, estaba repleto de velas de diferentes formas en una variedad de contenedores de vidrio y latón. El techo estaba pintado por completo como un mural, lo hacía parecer más bajo que alto. Estaba lleno de personajes un tanto mal hechos que daban la sensación de que cualquiera podría hacerlos; pensándolo bien se trataba de un hermoso lugar en el que los clientes podrían subirse a un banquito para aportar a la obra comunal que tenían por techo. El ambiente europeo contrastaba con la vista a través de las generosas ventanas, una plaza vetusta donde alguna vez cientos de parejas habrían bailado son cubano hasta el amanecer.
El tiempo dejó de correr. No había nadie, no se percibía ningún ruido, ningún movimiento. De pronto se encontraba en una suerte de museo donde él se ubicaba como una antigüedad entre todas las demás. En el fin del mundo los acontecimientos suceden más allá del tiempo. El pasado es un vago recuerdo y el futuro no está en los ideales. Asombrosamente todo comienza de nuevo.



