RIP Michael Jackson
Viernes, Junio 26th, 2009Michael Jackson fue mi primer concierto. Fue mi primer acto de fanatismo, la primera vez que experimenté aquella fascinación que pocas veces acontece, una suerte de enamoramiento por alguien a quien no conocemos y a quien sin embargo nos entregamos. Sus canciones y videos despertaron de las más grandes admiraciones que he profesado por alguien.
Aquel año, 1993, cumplí 10 años. De regalo recibí una grabadora de doble cassette en la que jugaba al radio, me grababa leyendo y comentando la información de las revistas que compré en el concierto, en el que lloré, a los 10 años, coreando canciones desde lejos del escenario.
Para el History ya todo había cambiádo, las canciones no cautivarían al mundo como antes y los escándalos nos opusieron a él irremediablemente. Claramente perdió la cabeza, sucumbió a la locura, probablemente fue un criminal. Es lamentable no poder hablar absolutamente bien de semejante leyenda de la música. Como hombre en sociedad se ha llevado a la tumba importantes secretos. Como artista logró la perfección musical y escénica. Él inventó la fórmula, definió el camino y su muerte se convierte en el suceso más importante de la cultura de masas de mis tiempos. Para mi generación, quienes nacimos en los ochenta y espabilamos en los noventa, esta es la primera vez que perdemos un ícono que marcara nuestra infancia.
Yo era muy pequeña para entender el impacto social y musical. Yo no sabía si era o no el primer negro en la tv, yo veía MTV y ahí estaba él, estuvo en todos lados durante años, éra lo único que había. El sonido y la imagen de la cultura pop. El mapeo vino después. Irónicamente, una de las razones de mi amor por Michael Jackson era su aparente preocupación por África y los niños pobres, me parecía que salvaba el mundo.
El privilegio inestimable de haberlo visto, de haber estado ahí cuando fue lo más importante que le sucedió al mundo. Jamás imaginé estar hablando de su muerte. Si no fuera porque pensaba volver, no lo tendríamos presente ahora. Quizás habría arreglado su carrera, quizás no. Pero sin duda jamás imaginé que su muerte me doliera por lo inemnsamente feliz que me hizo alguna vez.





