Si hubiera sido verano el calor sería insoportable
Jueves, Marzo 4th, 2010Si hubiera sido verano el calor sería insoportable. Nuestros movimientos y pensamientos eran cada segundo más lentos. Víctimas del cansancio cedíamos al aletargamiento que nos conjuraba. La fatiga imperante en cada músculo, merecía nuestra resignación. Incluso el peso de los párpados era mayor que nuestra resistencia, la visión se entrecortaba y la imaginación se obligaba a trabajar.
De quedarse dormido se soñaba con ambientes desérticos donde la temperatura burla los grados centígrados de la realidad. Comenzaba a ver serpientes en cada abrir y cerrar de ojos, accesando a la verdad, al hecho de que ellas estaban ahí, todas esas horas o quizás días, ya no lo sé. Talvez fuera su decisión y entonces se revelaban ante mí. Aparecían sin precedentes y se escurrían silenciosamente por las orillas del techo donde nos encontrábamos.
El departamento de la colonia Cuauhtémoc estaba en el penúltimo piso, subíamos al techo a mirar la ciudad cada vez que padecíamos la angustiante necesidad de pretender que no pertenecemos, que somos desperfectos de la raza humana con el privilegio inestimable de observar a los demás como un científico investigador se relaciona con curiosos especímenes a través de un microscopio. Aquel medio día de Invierno decidimos en poca ropa que se adhería a nuestros cuerpos, que las alturas serían el escenario adecuado para el desapego urbano. Colocamos algunas mantas en el piso para dedicarle nuestra apreciación al cielo, sorprendentemente limpio y claro para la Ciudad de México.
El engaño del techo, que a su vez tiene como techo al cielo.
Nos situamos sobre la mundanidad, desde donde podemos contemplar la desigualdad infinita que enriquece y que castiga a la sociedad. Éramos sombras confrontantes a nuestra realidad. Fisgones de nosotros mismos. Desde el techo el mundo es un espejo. Ausentes y presentes al mismo tiempo.







