Performa es una bienal de arte experimental y del performance contemporáneo que reúne a personajes tan inusuales como a cinco apasionados por el sonido de las sirenas que usan las patrullas o ambulancias, y que lo usan o para controlar el ruido en la ciudad o para crear piezas artísticas que logran melodías, arte sonoro y estadísticas sobre la relación entre las personas y los sonidos alarmantes. Caminamos, unos cuantos convocados, el East Village buscando sirenas, a manera de excursión, como una fiesta andante, conociendo personas, platicando con extraños entusiasmados por lo cotidiano y por hacer visible lo invisible, por rescatar un elemento al que estamos acostumbrados y al que quizás ya poco reaccionamos para descontextualizarlo y reconsiderarlo como ¿qué? No lo sabíamos… Ya lo experimentaríamos una vez que escucháramos el primer sonido, una vez que descubriéramos el entusiasmo colectivo de encontrar lo que siempre está ahí y que ahora nos hacía tanta falta.
La tarde siguiente aconteció una charla a la oscuridad de la tarde neoyorquina en el Van Alen Institute de arquitectura en la 22nd St, titulada Sirens Taken for Wonders, introducida y moderada por Paul Elliman, artista británico que transforma los sonidos urbanos, un enamorado de las voces y exprimentos sonoros, acompañado de una cantante de ópera que imita diferentes sonidos de alarma. Una tarde en la que recordamos que el silencio es igual a inactividad, conversaron ante veinte curiosos sobre su relación académica, científica o artística con las sirenas, que para mi entonces habían perdido por completo su sentido originario, cómo lo han estudiado y en qué lo han convertido. Lázaro Valiente, un artista mexicano que hace tremendas melodías y ha logrado una orquesta con patrullas, Raviv Ganchrow, un estudioso de la historia de las sirenas desde su primera función para despertar a poblaciones en ataque, de la calma y la alarma simultáneas y de la manipulación de los sonidos cotidianos y Arline Bronzaft, una encantadora psicóloga, parte del Comité de Ruido de la ciudad, comprometida a aminorar el estres sonoro en Nueva York.
Así conocí un Nueva York donde todo sucede al mismo tiempo, la ciudad donde mientras unos escuchamos elucubraciones sobre el arte de los sonidos pensados para el orden social, Sonic Youth daba un concierto, los Pixies también. Cientos de fiestas se llevaban acabo, incontables ventas, dinero de mano en mano, algunas personas que visten como si vivieran en los cuarenta escuchaban música de su época en un departamento compartido en Bushwick, cerca de ahí grupos independientes tocaban en Goodbye Blue Mondays, una biblioteca repleta de viniles ambientada por luces navideñas y pastel de zanahoria. Un teatro reunía a grupos de hipnotizador noise extremo que tocaban temas intencionalmente indescifrables mientras dos invitados hacían el amor en el elevador, algunos movían la cabeza, unos cuantos desaparecían de la escena y entre todo el público uno de ellos bailaba incoherentemente.
Decenas de taxistas dominicanos respondían llamados en Brooklyn, afirmaban a sus clientes que el ochenta por ciento de los neoyorquinos son latinos, mientras les ofrecen ron de sus raíces. Cientos de mexicanos atendían los delis de Manhattan y otros tantos recogían paquetes enviados desde sus respectivas casas hasta el Bronx, donde en los bares se sientan varios paisanos a tomarse unas cuantas coronas para recordar lo que son. Miles de turistas alfombraban el día.
Fanáticos de Tim Burton hacían filas para entrar al MOMA y un fotógrafo con miedo a envejecer tomaba fotos de un músico vestido de astronauta. Una chica de Bulgaría pensaba en viajar a Paris para ser la diseñadora de modas que siempre ha querido ser. Una chica con falda larga que reaprende a tocar la guitarra iba por la calle tocando para el canto improvisado de un negro. Residentes de Bedford adquirían un sombrero en una tienda de viejo que alguna vez perteneció a un escritor o no podríamos saberlo. Cafés llenos, galerías que presumían estrenos, bares que acogían diálogos malinterpretados por el volumen tan alto, millones de líneas de diferentes libros leídas en un mismo momento, millones de canciones musicalizando millones de vidas, cualquier cantidad de bandas sonoras para cualquier cantidad de películas que nunca serán vistas, pues no han sido documentadas y permanecerán en la historia de la humanidad como experiencias personales instantáneas.
¿Cuántos orgasmos al mismo tiempo? ¿Cuántas sonrisas, cuántos corajes?
Estudiantes de arte asistían a conferencias teatrales que burlan la realidad en una universidad inventada autodenominada de The Bruce High Quality Foundation. En Union Square, bloggers chilangos consumían cantidades bárbaras de chocolate. Se perdían vídeos tomados al atardecer en Dumbo, entre dos puentes, por dos old souls que apenas la vida reunía. Una estudiante de letras usaba un traje de hombre por las noches para aliviar sus migrañas. Un grupo de atletas saltaba la cuerda en pleno Times Square. Una extranjera se entrevistaba con su futuro y Kazu Makino algo hacía, pero no salía a pasear a su perro, cuando un irlandés tomaba cerveza en un bar del otro lado, donde el encargado de la seguridad tiene un acto musical gutural.
Una mexicana confundida por hindú o quizás iraní mordía el wrap no vegetariano de uno de los conferencistas, quien colgó del techo una secadora de pelo. Un gringo tomaría mate, una argentina que habría huido de su país porque ahí no había arte, iría más tarde a una galería donde comeríamos fish & chips con vino gratis. Un perro reposaba en un bar. Un hombre y una mujer que hacía tan sólo un mes de haberse encontrado por primera vez, se escuchaban contando el principio de una historia en una estación de radio.
Se toma café, se toma té, se bebe indiscriminadamente, se fuma hash, se come sushi en un lugar donde el cocinero tiene apariencia de taquero, se come italiano, se come árabe, se come japonés, se come lo que se quiera comer, se compra sake caliente con tal de usar el baño, se camina bajo la lluvia en días que terminan muy pronto, se pasa frío, el frío se pasa, se conocen los más peculiares personajes, se hablan diferentes idiomas, se ladra, se pregunta, se ve, se piensa, se descubre, se recupera la capacidad de asombro, se viaja, se cruza de un lado a otro, se juzga, se observa, se cree, se crece, se colocan y descolocan las ideas previas, se reprocha, encontramos lo que siempre pensamos que queríamos y lo desechamos, se renueva, se ilusiona, se escucha, se olvida, se cambia, se enloquece, se libera, se enamora, se conversa hasta el amanecer, se encuentra, se identifica, se fascina, se ríe una y otra vez, se seduce, se deja ir, se siente y si se duerme se ha perdido demasiado tiempo .