Únete a los optimistas
Cristina Aguayo-Mazzucato, doctora y columnista de El Universal explica muy bien en su blog Materia Prima un artículo de la revista Nature en el que se determina que el cerebro de un optimista es diferente al de un pesimista o alguien deprimido.
La primera observación que hace este grupo es que los seres humanos, como especie, somos optimistas. La gente tiende a pensar que vivirá más tiempo, será más sana y tendrá más éxito de lo que las estadísticas indican. Asimismo, es muy difícil que alguien se imagine que le suceden cosas malas, ya que por lo general la gente convierte eventos neutrales, como cortarse el pelo, en eventos positivos, como verse muy bien después del corte de pelo. Esta es una característica de todo el mundo, con excepción de personas con alguna alteración, como la depresión.
Ante la inherente resistencia humana a imaginar desgracias, los investigadores recurrieron a pruebas sicológicas para evaluar los distintos grados de optimismo entre los voluntarios. Posteriormente les realizaron una resonancia magnética funcional e imaginaban cosas positivas o negativas para observar la forma de funcionar del cerebro en ese momento. Los resultados sorprendieron a los investigadores.
El cerebro de las personas optimistas funciona de manera diferente que aquellas cuya visión del mundo es más gris. Son dos las áreas involucradas: la corteza cingular anterior, donde se llevan a cabo las decisiones, y la amígdala, una zona clásicamente reconocida por ser la mediadora de emociones. Como mayor era el grado de optimismo, mayor la actividad en ambas zonas.
Y algo que ya sabíamos y en lo que poco reflexionamos:
Aquellas personas que siempre esperaban malos resultados se sentían mucho peor cuando fracasaban que aquellas que esperaban buenos resultados. Esto demuestra que los pesimistas sufren antes del evento, durante el mismo y después. ¿Qué ventaja hay entonces en esta actitud?
Liga: El cerebro optimista