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El Último Encuentro de Sándor Márai

Miércoles, octubre 19th, 2011

“Uno se acuerda del principio con más precisión cuando se acerca el final.”

Lo de Sándor Márai, como lo de tantos escritores emigrantes, es la soledad; basta con leer sus diarios para tejer correspondencias entre los protagonistas de esta pequeña novela y sus reflexiones personales, que ahora como documentos históricos, registran el deambular desde el aislamiento al suicidio, en una insondable oscuridad un día de enero 1989 en San Diego, California.

Antes de la renunciar a la vida, publicó sin éxito, esta historia como A la luz de los candelabros, un título mucho más caprichoso, que el que edita hace varios años Salamandra. La historia se nos presenta en retrospectiva, late en su recuperación del pasado una desesperante búsqueda por el sentido a través de la mirada cruel, de quien se asoma a sí mismo con la cobardía que el paso del tiempo le confiere, desde la resignación a la que sólo se tiene derecho después de años de aislamiento voluntario. El vertigo ajeno que se experimenta al leer el registro de los últimos años del autor, coincide con el destino al que se rinden estos dos personajes que ante la muerte, han de encontrarse una última vez. Se lee un drama que sufre la pérdida de la inocencia en una clacisimo de fuertes y débiles, en el que laten creencias de lucidez que sólo un autor que ha padecido el exilio por sí mismo, puede representar en una novela sobre el abandono y sus lúgubres consecuencias.

“La soledad es un lugar lleno de secretos… Uno vive bajo un orden severo, y de repente, se vuelve loco… Y un día lo dejamos todo y echamos a correr, con un arma en la mano o sin ella, y sin arma es quizás más peligroso. Empieza una carrera por el mundo, con los ojos fijos en la nada… Vivir respetando un rito pagano y mundano, como un monje pero sin fe.”

El último encuentro acontece exactamente cuarenta y un años con cuarenta y tres días, entre dos personajes de la Hungría de los castillos con salones al estilo francés imperial, carruajes e institutrizes, que escenifica un relato que problematiza los límites de las relaciones humanas a partir de la amistad, la entrega, la fidelidad y el amor enmarcado en una dolor que no perdona.

“Las relaciones basadas en la simpatía que he visto nacer y desarrollarse entre los seres humanos han terminado ahogándose invariablemente en los cenegales de la egolatría y de la vanidad.”

Es una narración elegante, propia de la época en la que se lleva acabo, correspondiente a la caballerosidad que distingue a sus protagonistas: Henri y Konrad. Se conocen en la Academia Militar, condiciones específicas para medrarse una relación que el autor se ocupa de detallar con una precisión sorprendente, considerando que la profundidad de las relaciones humanas está generalmente, más allá de las palabras. Un general imperial, su mejor amigo, la amistad que los esclavizará a lo largo de años en los que permanece el misterio de una traición, que admirablemente, Márai confecciona de tal manera que la expectativa del último encuentro, se resuelve insospechadamente.
El sobre salto de las últimas páginas, en las que como pocas veces, se vislumbran los matices que diferencian a la verdad de la realidad, es donde el lector agradecerá la calma que antecede, el paseo por la inspección de la naturaleza humana que ama a través de sus defectos, que a pesar de sí misma alcanza conexiones con otros seres humanos, en algunos párrafos envidiables. El final, insisto, es verdaderamente inteligente.

El último encuentro es una entrada a la literatura húngara de principios del siglo pasado, de un antifascista sobreviviente a la Segunda Guerra Mundial y culpable de más de cuarenta novelas. “Creo que uno no puede cambiar de patria ni una sola vez”. Sólo un escritor que no piensa volver a su país, Márai salió de Hungría en 1948, que encuentra más allá de las fronteras un refugio para su miseria, puede hacer hablar con tal autoridad a dos hombres que pueden percibir la muerte sin temerle, porque sólo esperan. El inminente trastorno del exilio, porque todo exilio es huida, fermentan la melancolía en el último encuentro, la fragilidad de la historia que a éste precede.

No podría yo, estimado visitante que me hace el favor, no decirle que en algunos puntos y comas, esta obra peca de sentimentalista, sin embargo, éste es el temperamento de la historia, le apostaría que se trata de las propiedades de un contexto centroeuropeo que por más ostentoso que llegase a parecernos en pleno siglo xxi, sin la menor tradición absoluta desarreglando nuestras perspectivas, hemos de juzgar la pieza mientras pende de un clavo al centro de una pared blanca que simula la nada. Es, entonces, probable que no estemos siendo capaces de renunciar a nuestra prejuiciosa modernidad, violando determinantemente el acuerdo autor-lector.

“El poder humano siempre conlleva un ligero desprecio, apenas perceptible, hacia aquellos a quienes dominamos. Solamente somos capaces de ejercer el poder sobre las almas humanas si conocemos a quienes se ven obligados a someterse a nosotros, si los comprendemos y si los despreciamos con muchísimo tacto.”

¿Qué es el ser humano sino el contraste entre sus ilusiones y posibilidades? Si la literatura es siempre más que literatura, esta novela es, primero en tercera persona, después en diálogo, una mirada a la búsqueda de la verdad, a las antiguas usanzas de la filosofía.
Una traición, la eliminación de todo lo que juntos han construido, la posibilidad de un hombre de matar por dentro a otro sólo se da en condiciones de profunda amistad. La decisión de hacerlo, cuando se trata de una felicidad por otra, es la historia de la humanidad.
Si el efecto, es el aquí conjurado, lea usted también: Confesiones de un burgués.

El último encuentro
Sándor Márai
Ed. Salamandra
188 páginas.

Lecturillas

Miércoles, octubre 19th, 2011

Por aquí se puede leer la entrevista que tuve la suerte de hacer a Peter Hook para El Ángel del Reforma.

Y por aquí la entrevista a Valeria Luiselli, que ha recientemente publicado su primera obra de ficción a tan pocos años en este sucio mundo en el que todos necesitamos historias y afortunadamente hay personas con el talento como el de ella para contarlas.