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¡Chale!

Jueves, julio 2nd, 2009

Sí, me han hecho pensar y pensar y pensar todo el día en la opción de anular el voto. Esta mañana cubriendo el programa de Sopitas, hice el comentario que he expuesto aquí mismo, sobre no anular y votar para que uno de los partidos pequeños entre a la Cámara a equilibrar contra los partidos cuyos proyectos son terroríficos. Recibí muchos comentarios que comparten mi opinión y muchos otros a favor del voto nulo.

El voto nulo cuenta como voto nulo. (El voto en blanco se desecha, no significa absolutamente nada.) Me gusta mucho la idea del voto nulo como también lo expuse aquí mismo cuando me encontré en esa postura. Me gustan las palabras de Denise Dresser en “Esperanza Marchita”, de otros activistas como Cacho y la idea en general me atrae profundamente. Como he mencionado varias veces, ningún partido de ningún candidato me representa. Comparto el desencanto con los partidos, su publicidad, con la democracia partidista en su totalidad, con la élite que los mantiene, el negocio que enriquecen, los beneficios que gozan, los gastos que ejercen, etc.
Sin embargo, no creo que pase nada, inmediatamente será una estadística nada más. No hay posibilidades de anular la elección, será una protesta. Quizás las campañas de las futuras elecciones serán menos estúpidas y menos ofensivas, ¿pero y después? Queridos todos, explíquenme qué pasa después, porfavor.

Por otro lado, no creo que cambie nuestra situación actual aún si consiguiéramos presencia de algún izquierdista. Probablemente nada cambiará.

Así que ahora, la verdad …es que no sé.
No creo que pase nada si voto por un partido con la intención de que aminore la presencia de los partidos hijos de puta en el poder, y tampoco creo que pase nada si tacho mi papeleta.

¿Es tan sencillo como que si nadie te representa, anulas el voto? ¿No sería mejor votar por alguien que le quite un voto a los malos?
¿No es la campaña por el voto nulo un movimiento a la vez apoyado por las televisoras que no se han beneficiado de estas elecciones?
¿No se benefician el PRI y el PAN del voto nulo, porque sólo logra que mientras más alto es el porcentaje de votos anulados, menos votos para su competencia, incluyendo partidos pequeños?
O sea, ¿no le conviene a la derecha el voto nulo?

Acudí incluso a Ricardo Rocha, quien después de una conversación me dio su columna de hoy:

Una democracia que junto a la política han sido degradadas un día sí y otro también en este país. Pero no por sí mismas sino por el uso que de ellas hacen los políticos supuestamente democráticos. Todos, los de cualquier partido, están ahí no para dar soluciones sino para dar vergüenza: cambian de emblema y de convicciones con la misma rapidez con que las hetairas ascienden y descienden la prenda más íntima; igual ensucian todo lo que tocan, sus propios partidos con elecciones fraudulentas y el IFE y el TEPJF con sus cuotas partidistas y toda suerte de trácalas; también estafan a la nación con presupuestos millonarios, sus autos de lujo, sus vinos y comilonas y cuantas prebendas engullen para sus panzas gigantescas; y casi lo peor de todo, viven del engaño, maestros del disfraz y la apariencia son mentirosos de tiempo completo entre ellos y hacia nosotros; con decirles que en unos cuantos años han denigrado no sólo el ejercicio de la política, sino el valor de ese patrimonio común que son las palabras.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que no podemos seguir así. Por eso estamos obligados a la pepena electoral. A hurgar entre la basura para encontrar de lo perdido lo que aparezca. Y votar por él o por ella. Y en última instancia ejercer nuestro sacrosanto derecho a la anulación. Que no es, por cierto, ni traición a la patria ni simulación ni berrinche ni indecisión ni venganza, como quieren hacer ver algunos. Se trata, en cambio, de un ejercicio que sí es tomado en cuenta en regímenes democráticos más avanzados.

Bernardo Bátiz, en su columna de La Jornada, expone:

La democracia formal, que convoca a votar cada tres años, ciertamente no es suficiente, ni plenamente satisfactoria para quienes se interesan en la comunidad nacional de la que formamos parte, pero es ahora lo único que tenemos: es el instrumento o herramienta para poder influir en la política del país y, si bien es cierto que en algunos casos pudiera ser que todos los candidatos seamos tan malos que no es posible escoger al que lo sea menos, la regla general es que hay candidatos de numerosos partidos, entre los cuales tenemos que optar, y si no nos convencen las personas postuladas, debemos pensar que nuestro voto también significa elegir entre concepciones distintas del país, entre proyectos diferentes de nación.

No es lo mismo un voto por un partido que asume el neoliberalismo como doctrina que otro que se define como de izquierda y busca la justicia social y defiende la economía popular; no es lo mismo votar por partidos que han demostrado en gobiernos concretos su ineficacia, que por otros que han gobernado bien y mejorado la entidad que les fue encargada por una votación anterior.

Lo cierto es que sí hay mucho de donde escoger y que, a pesar de ello, en forma extraña y nada razonable, se convoca a no votar; hay algo de vanidad en algunos de los que invitan a esta violación constitucional; si yo no estoy en las listas es que no hay por quién votar, parece que pensarán. Me he encontrado también a viejos periodistas y conductores que por años y años sirvieron sin escrúpulos al viejo sistema antidemocrático, fueron empleados dóciles y sumisos de “los soldados del presidente” y nunca hicieron o dijeron algo en contra de la falta de democracia en la que vivía el país y hoy se rasgan las vestiduras porque, según su opinión, no encuentran por quién emitir un sufragio; se presentan como sesudos filósofos sociales e invitan a no votar. Sin duda podrían hacerlo al menos por el partido al que antes sirvieron en forma obsecuente, pero no, prefieren poner en el mismo saco a todos, sólo porque algunos tienen conflictos internos, sin considerar que, independientemente de la coyuntura transitoria, los partidos representan una concepción política, sostienen una doctrina política y presentan propuestas o líneas ideológicas.

No deja de ser sospechosa esta actitud. Las dictaduras surgen del de-sengaño de la democracia y es muy peligroso jugar con el fuego de la de-sesperanza y del nihilismo político; espero que muchos ciudadanos no se dejen envolver por esta hábil propaganda en favor del abstencionismo, superen la tentación de imitar a los que se creen muy listos por anular su propio voto y ejerzan su derecho constitucional a votar y cumplan con su obligación de hacerlo.

Lo importante es ser parte del juego electoral, desde luego iré. Pero no sé qué hacer.