Esclavos
Lunes, noviembre 19th, 2007Me levanto de la cama para tomar mi computadora y enseguida refugiarme del horror mundano que acabo de reconocer como una realidad nuestra a través de las palabras de Luis Miguel Ariza en su artículo “El Drama” en Esclavos, Las Cadenas del Siglo XXI de la revista semanal de El País. El desarrollo del tema se compone de dos partes principales y una tercera complementaria. La primera es un texto arraigado en cifras infinitamente aterradoras que apenas en papel podemos concebir. La segunda es una serie de fotografías de niños y adultos esclavizados en el mundo en que ustedes y yo vivimos hoy, de una ética y una política de ficción que permiten que aumente la esclavitud en la medida en que es ilegal. Recorro con la mirada mi habitación en el silencio de media noche… veo libros, veo discos, veo cuadernos, otros objetos y veo libertad dentro de cuatro paredes que afortunadamente me ocultan el sufimiento de casi 27 millones de personas esclavizadas, violadas y torturadas que respiran de la misma atmósfera que yo. Y me mienten las paredes blancas. Las fotos terminaron la experiencia de la lectura con lágrimas de miedo, no imaginamos lo que no queremos siqueira ver.El artículo está basando en los números que Kevin Bales (citado como “mayor experto del mundo en esclavitud moderna”) profesor de sociología de la Universidad de Roehampton y ONGs como Free the Slaves tienen registrados:
De acuerdo con el último Informe sobre tráfico humano del Departamento de Estado de Estados Unidos, entre 600.000 y 800.000 personas son traficadas cada año; el 80%, mujeres y niñas; el 50%, menores, a través de las fronteras internacionales. La organización antiesclavista Free the Slaves estima que, de su explotación, los traficantes de personas podrían obtener un beneficio de 32.000 millones de dólares cada año, sólo superado por el tráfico de armas y drogas. El panorama resulta inquietante. En 2003, por ejemplo, unas 400.000 personas fueron compradas desde Europa oriental para trabajar en la industria del sexo, la agricultura o el procesamiento de alimentos. Las redes venden mujeres y niñas desde Europa del Este y Suramérica para su explotación sexual en varios países europeos. España es un destino destacado, donde el número de redes desarticuladas -333 en 2005 y 429 en 2006, según el Ministerio del Interior- aumenta cada año. Mujeres y niños son secuestrados en Afganistán y vendidos como servidumbre sexual o laboral en países como Arabia Saudí, Irán y Pakistán. En Mauritania, los niños son obligados a mendigar durante 12 horas por los líderes religiosos locales, los marabouts; en Brasil, ocultos en la selva amazónica, entre 40.000 y 50.000 esclavos trabajan cortando madera, procesando carne o en las minas de oro. En Indonesia, los niños son secuestrados por pescadores para la fabricación de redes. Japón es uno de los destinos principales para las mujeres traficadas para su explotación sexual: el Gobierno proporciona entrada legal bajo una “visa de entretenimiento” a más de 120.000 mujeres cada año, dejando paso a una nueva remesa de mujeres, forzadas a prostituirse en la mayoría de los casos. En la India, Nepal y Pakistán, la esclavitud laboral y el campo, en los terrenos y canteras, atrapa entre diez y doce millones de personas. Y en Ghana hay casos documentados de esclavos que trabajan en las plantaciones de chocolate.
La otra razón por la que me levanté de la cama fue para averiguar sobre las estadísticas de esclavitud en México. Aquí hay un mapa interactivo (poco específico) de la esclavitud por áreas. Es increíble cómo no hay información disponible sobre el territorio mexicano ¡no encuentro nada! El tema de la esclavitud moderna en México no se puede tratar más que a través de rumores.
Hay esclavos porque hay sobrepoblación mundial, hay pocos recursos, mala distribución y un sin número de personas al rededor del globo no tiene más que su vida a cambio de un techo y alimentación. La migración facilita las deudas de millones de migrantes y su pago con mano de obra o labor sexual. En la mayoría de los casos, el tráfico de humanos hace creer a los esclavos que se les libera de la pobreza llevándolos a un país de mejores oportunidades: cientos de miles de seres humanos en su mayoría mujeres y menores no saben que han sido comprados. Algunos casos parecen haber sido solventados con la ayuda de organizaciones no gubernamentales que envían representantes a las comunidades donde hay esclavizados, familias de éstos e incluso generaciones enteras, a identificar a las mafias que los mantienen.
Imaginen que un día llegan a una casa en algún país vecino, lejano o el que están pisando y atiende a la puerta un chino, surafricano, indio o mexicano al que tienen trabajando de tiempo completo y al que no le pagan ni un peso. Y resulta que lo compraron por 200 dólares. Posiblemente creía que llegó al lugar donde se encuentra para escapar de donde viene, lo engañaron o quizás, no pudo pagar el viaje y la deuda lo obliga a dar la vida por ella. Posiblemente es torturado y no es el único bajo ese techo. Talvez, es el esclavo que tuvo más suerte, porque abre la puerta y no las piernas.






