Me quedé pensando en aquello de las metáforas…
En Nietzsche, el lenguaje es metafórico, y el hombre lo olvida en su cotidianeidad, y es en la poesía donde la metáfora cobra vida mediante nombres distintos a los convencionalmente asignados. Existen entonces, metáforas de primer y segundo nivel. Las de primer nivel, institucionalizadas con el tiempo, y las metáforas de segundo nivel que superan la primera comparación entre la percepción y la realidad, una relación que realiza nuestra mente y sólo sucede dentro de nosotros y para nosotros, independientemente de las cosas, proceso en el cual las cosas se manifiestan inalcanzables.
¿La Verdad? Probablemente no la conocemos. ¿La necesitamos? Aparentemente no, gracias solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma. ¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente. El conocimiento de las cosas y los hechos es siempre dudable, hay muchos factores que afectan la percepción, es un fenómeno antropomórfico.
El lenguaje une los mundos particulares de cada una de las personas en un común denominador metafórico. El hombre es una artista de primer nivel, diría Nietzsche. Seria conveniente declarar que hay dos realidades entonces. Y que el hombre siempre vive a través de su realidad propia y alternativa, como en una tangente de lo que existe. En una ficción de su autoría. Aún así, necesitamos del arte para escapar de nuestro invento primero tan complejo y tan frustrante, para escapar de nosotros mismos, de nuestra propia creatividad, una vez más nos creamos nuestros problemas y nuestras propias y peculiares soluciones. Inevitable complicación de la naturaleza humana. El lenguaje es una ilusión que nos permite nuevas ilusiones.