Yonder

El Dia diciembre 24th, 2011

Comienzo a encariñarme con el limbo, esa dimensión imposible de compartir, no digamos describir, que se vive en un sitio perteneciendo a algún otro lugar, que probablemente no existe. No estar aquí, no estar allá, nada que cualquiera desterritorializado no padezca o aprenda a disfrutar. Escribo ahora desde la Ciudad de México, desde casa de mis padres, donde no vivo hace más de siete años pero que imagino cuando estoy lejos y me recuerdo que yo no soy de ahí. Arrastrando una maleta por Manhattan pensaba desde un largo lapso de felicidad pura e inocente, en que incluso las más profundas depresiones y la más oscura soledad, han sido interesantes. Ahora aquí, reconociendo y desconociéndome al mismo tiempo, observando mi relación con las personas y los objetos que me rodearon hasta hace año y medio, me pregunto cuál es la otredad. Me acostumbré a andar sin la seguridad del pasado, a la descomposición, a mi propia ausencia pero ahora no cómo no ser sin perderme en la incredulidad.

Memo

El Dia noviembre 15th, 2011

En el parque del arco plagiado, con la fuente redonda donde los turistas se remojan en verano, escondí en un hueco de tierra, un poco de marihuana mexicana que encontré en un libro que traía en la maleta. En dos años trataré de encontrarla.

El Último Encuentro de Sándor Márai

El Dia octubre 19th, 2011

“Uno se acuerda del principio con más precisión cuando se acerca el final.”

Lo de Sándor Márai, como lo de tantos escritores emigrantes, es la soledad; basta con leer sus diarios para tejer correspondencias entre los protagonistas de esta pequeña novela y sus reflexiones personales, que ahora como documentos históricos, registran el deambular desde el aislamiento al suicidio, en una insondable oscuridad un día de enero 1989 en San Diego, California.

Antes de la renunciar a la vida, publicó sin éxito, esta historia como A la luz de los candelabros, un título mucho más caprichoso, que el que edita hace varios años Salamandra. La historia se nos presenta en retrospectiva, late en su recuperación del pasado una desesperante búsqueda por el sentido a través de la mirada cruel, de quien se asoma a sí mismo con la cobardía que el paso del tiempo le confiere, desde la resignación a la que sólo se tiene derecho después de años de aislamiento voluntario. El vertigo ajeno que se experimenta al leer el registro de los últimos años del autor, coincide con el destino al que se rinden estos dos personajes que ante la muerte, han de encontrarse una última vez. Se lee un drama que sufre la pérdida de la inocencia en una clacisimo de fuertes y débiles, en el que laten creencias de lucidez que sólo un autor que ha padecido el exilio por sí mismo, puede representar en una novela sobre el abandono y sus lúgubres consecuencias.

“La soledad es un lugar lleno de secretos… Uno vive bajo un orden severo, y de repente, se vuelve loco… Y un día lo dejamos todo y echamos a correr, con un arma en la mano o sin ella, y sin arma es quizás más peligroso. Empieza una carrera por el mundo, con los ojos fijos en la nada… Vivir respetando un rito pagano y mundano, como un monje pero sin fe.”

El último encuentro acontece exactamente cuarenta y un años con cuarenta y tres días, entre dos personajes de la Hungría de los castillos con salones al estilo francés imperial, carruajes e institutrizes, que escenifica un relato que problematiza los límites de las relaciones humanas a partir de la amistad, la entrega, la fidelidad y el amor enmarcado en una dolor que no perdona.

“Las relaciones basadas en la simpatía que he visto nacer y desarrollarse entre los seres humanos han terminado ahogándose invariablemente en los cenegales de la egolatría y de la vanidad.”

Es una narración elegante, propia de la época en la que se lleva acabo, correspondiente a la caballerosidad que distingue a sus protagonistas: Henri y Konrad. Se conocen en la Academia Militar, condiciones específicas para medrarse una relación que el autor se ocupa de detallar con una precisión sorprendente, considerando que la profundidad de las relaciones humanas está generalmente, más allá de las palabras. Un general imperial, su mejor amigo, la amistad que los esclavizará a lo largo de años en los que permanece el misterio de una traición, que admirablemente, Márai confecciona de tal manera que la expectativa del último encuentro, se resuelve insospechadamente.
El sobre salto de las últimas páginas, en las que como pocas veces, se vislumbran los matices que diferencian a la verdad de la realidad, es donde el lector agradecerá la calma que antecede, el paseo por la inspección de la naturaleza humana que ama a través de sus defectos, que a pesar de sí misma alcanza conexiones con otros seres humanos, en algunos párrafos envidiables. El final, insisto, es verdaderamente inteligente.

El último encuentro es una entrada a la literatura húngara de principios del siglo pasado, de un antifascista sobreviviente a la Segunda Guerra Mundial y culpable de más de cuarenta novelas. “Creo que uno no puede cambiar de patria ni una sola vez”. Sólo un escritor que no piensa volver a su país, Márai salió de Hungría en 1948, que encuentra más allá de las fronteras un refugio para su miseria, puede hacer hablar con tal autoridad a dos hombres que pueden percibir la muerte sin temerle, porque sólo esperan. El inminente trastorno del exilio, porque todo exilio es huida, fermentan la melancolía en el último encuentro, la fragilidad de la historia que a éste precede.

No podría yo, estimado visitante que me hace el favor, no decirle que en algunos puntos y comas, esta obra peca de sentimentalista, sin embargo, éste es el temperamento de la historia, le apostaría que se trata de las propiedades de un contexto centroeuropeo que por más ostentoso que llegase a parecernos en pleno siglo xxi, sin la menor tradición absoluta desarreglando nuestras perspectivas, hemos de juzgar la pieza mientras pende de un clavo al centro de una pared blanca que simula la nada. Es, entonces, probable que no estemos siendo capaces de renunciar a nuestra prejuiciosa modernidad, violando determinantemente el acuerdo autor-lector.

“El poder humano siempre conlleva un ligero desprecio, apenas perceptible, hacia aquellos a quienes dominamos. Solamente somos capaces de ejercer el poder sobre las almas humanas si conocemos a quienes se ven obligados a someterse a nosotros, si los comprendemos y si los despreciamos con muchísimo tacto.”

¿Qué es el ser humano sino el contraste entre sus ilusiones y posibilidades? Si la literatura es siempre más que literatura, esta novela es, primero en tercera persona, después en diálogo, una mirada a la búsqueda de la verdad, a las antiguas usanzas de la filosofía.
Una traición, la eliminación de todo lo que juntos han construido, la posibilidad de un hombre de matar por dentro a otro sólo se da en condiciones de profunda amistad. La decisión de hacerlo, cuando se trata de una felicidad por otra, es la historia de la humanidad.
Si el efecto, es el aquí conjurado, lea usted también: Confesiones de un burgués.

El último encuentro
Sándor Márai
Ed. Salamandra
188 páginas.

Lecturillas

El Dia octubre 19th, 2011

Por aquí se puede leer la entrevista que tuve la suerte de hacer a Peter Hook para El Ángel del Reforma.

Y por aquí la entrevista a Valeria Luiselli, que ha recientemente publicado su primera obra de ficción a tan pocos años en este sucio mundo en el que todos necesitamos historias y afortunadamente hay personas con el talento como el de ella para contarlas.

08/08

El Dia agosto 13th, 2011

Lo que mi papá no nos había contado, que me lo dijo su hermano mayor, este verano en las Islas Canarias, es que llegó de Madrid a Paris, no por cuestiones de educación superior, (y que haciendo conciencia nunca en sus relatos reparó en la causa, por misterios de la tradición oral, de un momento a otro en la historia, aparece en otro mapa); sino por una francesita que conoció estudiando economía.
Y mientras observo las manchas que flotan por su piel tan blanca, en silencio me consulto si le preguntaré por aquella mujer que lo llevo de un país a otro, donde casi diez años después la que escribe tiene origen.

Una que otra relación a distancia me ha premiado con el alboroto setimental de esperar y ser esperado en el aeropuerto por alguien, a quien no ves hace meses, que quieres. El castigo correspondiente está agendado en unos días en el mismo lugar, con el derramamiento de lágrimas por la causa opuesta.
Lo siguiente puede resultarle, querido lector, de una ridiculez insoportable, pero esperar un año por mi padre, ha sido un sufrimiento innecesario agregado a otros malestares de la existencia cotidiana en la otredad. En esas horas en donde las llegadas del aeropuerto, mi sonrisa era del tamaño de la terminal. Por azares del destino, ese mismo día, cumplía un año de haber llegado yo misma a una nueva vida, de la que estoy segura, estarán hartos de leer en este maldito blog, mis complicaciones al respecto.
La espera es un estado emocional extremo. El precio, desde luego, no es recomendable, pero ciertamente, se experimenta una felicidad desmedida por la neurosis, que en el momento se agradece y después, como toda respetable sensación, se olvida el climax, pero queda una estela en la memoria, de aquellos pequeños instantes en los que el cuerpo y la mente no nos pertenecen.

Welcome back!

El Dia julio 30th, 2011

El vuelo fue desesperadamente largo, antes de despegar estuvimos una hora o más detenidos en el tráfico de aviones. Casi diez horas en un asiento de dimensiones incómodas. Escuché, platiqué, comí un par de veces, fui al baño sin necesidad, dormí y desperté una y otra vez, y las nubes aún estaban debajo.
Nueva York, otra vez tu.
Esta segunda vez nos conocemos, tenemos una relación que ha dejado de sorprenderme, lo cual agradezco.
“Welcome back!” Me dijo el agente de aduana. Siempre temo a los de su clase, ruego en la fila de no residentes porque el oficial en turno esté de buen humor.
Destino final, estabilidad alquilada.
No vuelvo a casa, mi casa es la capital de un país vecino que a traviesa por una brutal guerra civil, que reporta inocentes muertos cada mañana en los informativos que leo a la distancia. Aterrizo a destiempo, a esta realidad paralela en la que desperté hace exactamente un año, que me desmembró de todo lo que hasta ese momento creí que era.
Dejarlo todo y a todos es una experiencia vivencial. Aún no sé cómo comenzar a describir lo que realmente significa empezar de cero. Todo y todos aquellos que forman parte de tu vida, desaparecen. Tu trabajo, no lo tienes que hacer. La estación de radio a la que vas cada noche a hacer un programa para el que te preparas durante el día, no está aquí. Tu padre, al que ves de lunes a viernes a las 10PM, no está aquí. Tus compañeras de casa con las que tomas café por las mañanas, y comes lo que haya por las tardes, no están aquí. La comida que compras en el supermercado al que vas caminando, no está aquí. Tus amigos, con los que compartes la existencia, no están aquí. La ausencia es irreversible.
La conciencia de la pérdida sorprende después, silenciosa e intempestivamente con la naturalidad de una lógica superior que de un paso a otro, en cualquier calle del East Village, se nos revela. Los pies no titubean, continúan.
Después del asombro por la otredad, un periodo atemporal en el que el desprendimiento es automático para el curioseo, sólo queda la soledad y la incomprensión.
Caminé y caminé, dicerní. Suponiendo en la contemplación del que lentamente se asume como extranjero, que el entendimiento no es una estación del metro.

Aterrizamos en un día nublado del verano neoyorkino. Calor repugnante, húmedo. Unos minutos en la calle distinguen a los que sudamos hasta por el bigote, de quienes a cuarenta grados no segregan una sola gota. En el metro decidí sonreirle a la que se reía enfrente de mi, por unas líneas en unas hojas impresas que iba subrayando, en otros tiempos de mayor inseguridad, me hubiese resultado casi impropio semejante deliberación en un encierro transportista, en el que todos sabemos que nadie puede demostrar mundanidad. Hubiera querido saber de qué se reía.
Yo no soy de aquí y usted tampoco, sin embargo, cedemos a las convenciones sociales que nos mantienen aparentemente indiferentes en los espacios comunes.
Mi país está aquí abajo, y afortunadamente, a la hora que me de la rechingada gana me regreso.
La línea A que viene desde Howard Beach en el aeropuerto, me deja en Hoyt, en ese momento es un lujo no tener que trasbordar, camino unas pocas calles a la que será mi casa durante el próximo año académico. Es un barrio silencioso de casas construidas a lo alto y a lo largo. La habitación del cuarto piso, que da a la calle, es la mía. Tiene un futón, tres estantes que ocuparán los libros que aún esperan en Bushwick y un armario vacío.

Llego a esta ciudad, que no es ni será mía, pero con la que tengo un acuerdo de paz. No tengo la menor intención de salir a caminar, de estrenarme como habitante de esta zona de Brooklyn. Elegí esta casa o esta casa me eligió a mi, para darle mejores condiciones a mi soledad.
De un momento a otro, sin ser conciente de ello, se extinguió la necesidad de pertenecer, al contrario, aceptando que no perteneceré aquí como tampoco volveré a pertenecer a ninguna de las casas que antes habité o habitaré, el exterior ha dejado de ser un espacio de incesante búsqueda de mi misma, para convertirse en un paisaje peculiar que resulta ser circunstancial.
La lucha por la conquista espiritual de Nueva York está perdida desde que se aterriza. Esta es tierra de nadie. La que parece ser la ciudad a donde las personas vienen a ser alguien, ese alguien que siempre han querido ser, es también a donde otras personas venimos a no ser nadie, ese nadie que siempre hemos querido ser, para escapar de todas y cada una de las sociedades a las cuales accedemos, de manera literaria, a través de las primeras planas.

Thievery Corporation @ Williamsburg Waterfront

El Dia junio 25th, 2011

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Nane

El Dia junio 11th, 2011

La verdad es que llevo todo el día haciendo algo más que escribir un cuento. Pocas cosas son tan claras como la evasión de la responsabilidad única que satisface los requerimientos de mi existencia más o menos digna. Más menos que más. La lucha inagotable contra mi misma define las perspectivas por las que viajan los fluidos de mi vergüenza espesa. Y la modestia bien organizada y la poesía de la autolamentación que se arrepiente de haber escrito “poesía”. Estamos todos muy equivocados. La imaginación está fermentando los neoclásicos para presentarlos una vez más ante la sociedad esclavizada por el capitalismo del que todos somos cómplices. De la desigualdad, ni hablamos.

Y ¿dónde quedó Violeta?

¿Y por qué Sofía no llamó después de su propia exposición para avisarnos que se acabaron los martinis secos en el barrio latino de Paris, al que nunca volveremos? No siempre tendremos la ciudad de las luces porque nunca la hemos tenido.

Y Pablo está allá abajo, con sus tenis que lo mismo sirven para leer libros de Elvira Lindo en un sótano de Nueva York, que para escalar uno de todos los montes a los que tiene pensado huir, por placer periodístico, antes de morir.

Son las nueve con treinta y dos minutos de la noche de sábado, y de Violeta no se sabe nada. Menos mal que es imaginaria, que como suene mi teléfono y del otro lado de la línea una voz femenina me dice que a ver a qué mentada hora se me da la gana volver a escribirla, me creo de una vez por todas que me he vuelto loca. Como sólo tu sabes que sí, que desde que dejé México, me perdí unas varias corduras e inocencias que cambié por otras en la oficina de estudiantes internacionales, donde sin avisarle a uno, le toman una foto en el peor día del empeoramiento físico, consecuente del verano asqueroso, para la identificación oficial.

Por ahí anda Molea, a quien luego habrá que rogarle que venta nuestros libros, impresos, de preferencia, en su maquinita a la vista por más o menos veinte dólares cada uno. Dependiendo de cuántas páginas se logre extender el cliente, que en este caso el es el autor y no el lector.
Pero todavía no, todavía le podemos sonreir en las presentaciones de Silvia Molloy a selectos, no por Granta, escritores latinoamericanos, por no decir más bien argentinos, de novelas que en la sección de preguntas y respuestas, resulta que la ficción acontenció en la leche materna del personaje que nació en Buenos Aires, que pretendió la exportación, para jugar al reportero desde el exilio voluntario al que nunca podrá renunciar.

Visitas

El Dia mayo 28th, 2011

Yo sabía, no por experiencia sino por una suerte de intuición adquirida con tantísimos recorridos en el metro neoyorkino, que llegaría de Chelsea al aeropuerto, en menos de una hora, pero Raúl, que como buen español se le dan naturalmente las precauciones, insistió en que por las volteretas que da la línea C, haría como mínimo una hora y media, que encima había que tomar el tren del aire que para colmo, son cinco mentados dólares. Y yo en cambio, me pasé de camino por el Chelsea Market, tan insoportablemente gourment que es, y me hice de un muffin integral, que para las siete de la noche ya estaban al dos por uno, y así no pasar hambres en el recorrido de una hora que me aguantaría. No sólo me tardé menos de una hora sino que el vuelvo procedente de Mexico City en el que viene la mujer que me dio la vida, a quien no veo hace más de diez meses, no ha siquiera aterrizado. Le traje un muffin integral, porque cómo la conozco, que sé que viene con hambre.
Y en el aeropuerto, la espera es mucho menos interesante que en la sala de urgencias. Porque aquí, todos estamos burdamente desesperados por largarnos, allá los pensamientos se encomiendan al bienestar propio o del propio pero por el bienestar del otro, y, en el peor de los casos, por la profunda angustia de la cuenta del hospital, que en este país neoliberal, alcanzan cifras estratosféricas que esclavizarán al expaciente hasta la descendencia.
Y veo en la pantalla que ya aterrizó, y que bueno, porque no me puedo concentrar en la lectura a Mishima. Y qué emoción, voy a abrazar a mi mamá.

Marchamos, aquí, allá.

El Dia mayo 9th, 2011

Hacia dónde marchamos en otros países: hacia las cámaras de televisión, los micrófonos de las estaciones de radio y las notas de los corresponsales, que ayudan a que tan numerosa manifestación llame aún más la atención, despierte conciencias a nivel gubernamental y social.
Éramos poquititos, la verdad. Incluso si no se cree en las marchas, si la apatía, comprensible, le prefiere otras ocupaciones, el que no marchó se perdió de la experiencia de recuperar un poco o mucho de fé en la fuerza colectiva.
El luto perpetuo por los más de cuarenta mil muertos mexicanos se marcha en miles de latidos de corazónes que sufren al mismo tiempo en un territorio herido sin fronteras, por la injusticia de un país con un futuro dramáticamente mejor. Cada paso es una desición por la esperanza.
No más sangre.

Lágrimas de tiempo

El Dia abril 26th, 2011

¿Por qué me acordé de la columna de Joselo, la de la semana pasada en Excelsior, la otra mañana en el acto de tomar café de una taza verde pistache? No lo sé. En la calle 5 de Mayo, por la que se regresa de casa de mis padres al Periférico, hay un tope que me recuerda a Enrique, con quien nunca tuve la oportunidad de confabular y que para estos tiempos, en los que a la distancia no tan lejana se vislumbra el tercer escalón, debe de estar en comunión con la flaquita de pelo negro que me lo ganó en la prepa. Cuando abro la llave del agua en la ducha del gimnasio me acuerdo, curiosamente, de otro Enrique. Desconozco si este fenómeno de asociación de ideas acontece en la cotidianidad de otras personas con mayor salud mental. En fin, pensaba en que Joselo llora más con los años. Trataba de pensar en otras personas que con la edad, sin distinción de género, lloran más. Yo, que tengo una facilidad vergonzosa para llorar, desde que tengo memoria y de la cual en bastantes ocasiones no estoy orgullosa, apenas he llorado una sola vez desde que llegué. Aprendí muy pronto, en suelo ajeno, a no permitirme la fragilidad del bien, ni la del mal. A gobernarme, como dicen en el fin del mundo. Es probable que en algunos años la cuota de llanto incremente en situaciones de menor vulnerabilidad.
Quizás, hay dos tipos de personas, las que lloran y las que llorarán.

If by Yes – “You Feel Right”

El Dia marzo 25th, 2011

If by Yes (Si por sí) es un dueto formado por Petra Haden de That Dog y Yuka Honda de Cibo Matto, (que desde que se extinguió en el 2001, ahora reunidos a beneficencia de Japón, tres discos de su música experimental electrónica, han visto la luz bajo el sello Tzadik, además de haber producido a Miu Sakamoto y Maki Nomiya).
Comenzaron a escribir canciones en el 2002, Haden en Los Angeles, Honda en Nueva York, y ahora, lanzan con Chimera Music de Sean Lennon, un álbum debut titulado Salt on Sea Glass que cuenta con invitados como David Byrne, Nels Cline y remixes de Keigo “Cornelius” Oyamada.
En los escenarios, se acompañan del guitarrista Hirotaka “Shimmy” Shimizu, el baterista Yuko Arak, antes miembros de Cornelius.

SXSW

El Dia marzo 22nd, 2011

Todavía es un dilema qué tanto merece la pena la inversión para los grupos extranjeros, llegar hasta Austin para dar uno o dos conciertos de media hora en SXSW, (que hablen ellos). El sueño guajiro de ser descubierto en Estados Unidos no parece ser una de las realidades, pues la mayoría de los toquines pasan desapercibidos, lamentablemente, en esta celebración a la música que reactiva la economía local sin que los músicos reciban más que una mochila y unas cuántas cervezas gratis. Los medios cubren a los grupos conocidos y una gran cantidad de asistentes se encuentra en estados de conciencia alterados mientras, convenientemente, la música acontece. Quizá tocar en SXSW no es más que ser parte de un record mundial de actos musicales en un espacio y tiempo determinados. Quizá es la oportunidad para comenzar una carrera del otro lado.

Por un lado, es difícil impresionar-se con conciertos tan breves sin pruebas de sonido. El engaño del festival de música se repite también para el espectador que después de cinco días parte con la experiencia de un mosaico de conciertos que en el mejor de los casos podrá volver a ver en su versión original.
Por otro lado, SXSW reúne a incontables disqueras y músicos independientes que podrían conocerse a beneficio mutuo. Nos permite ver a grupos que de otra manera no veríamos talvez nunca y algunos de los músicos, los que cuentan con el mayor presupuesto preparan conciertos más largos, con características especiales como invitados o visuales de gran calidad. Desde luego, están los showcases sin costo y el privilegio inestimable de pausar la cotidianidad por una sobredosis de música en vivo.

Rituales

El Dia marzo 21st, 2011

Escribo este post desde las alturas. Literalmente, me encuentro en el cielo, al interior de un avión propiedad de una de aquellas líneas aéreas para las que los alimentos al pasajero de clase turista son recuerdos de otros tiempos de gloria económica.

Sin embargo, desde la fila 10 asiento D, puedo ver perfectamente el servicio de lujo en la primera clase, pues nos divide desvergonzadamente nada más que una cortina de plástico transparente que la desmitifica.

Leo los diarios de Sándor Márai para la case de Antonio Muñoz Molina, a los que debí de haberme dedicado durante las vacaciones quizá en vez de viajar a Austin, Texas para cubrir SXSW a beneficio de mi humilde programa de radio neoyorkino.

Los diarios de Sándor Márai tienen al parecer dos ediciones, una que registra de 1973 a 1983, año en el cual la que escribe nació, y la segunda parta, que yo estoy leyendo, escrita desde enero de 1984 hasta 1989. En los meses de mayo y junio da fé de estar revisando la primera parte para su publicación, para ese entonces, hace 27 años, el escritor húngaro tiene ochenta y cinco años, está perdiendo la vista, dice que le falta motivación para escribir las notas finales y “que lo más decente sería quedarse callado, pero quedarse callado es tan aburrido…”

Recordé en con uno de las entradas del libro, los conciertos que privilegiadamente se llevaron acabo en las iglesias del centro de la capital mundial de la música en vivo. Grupos como The Dodos y James Blake tocaron por más o menos treinta minutos en el altar. En una de estas presentaciones delante de mi en la fila, mientras subíamos al segundo piso, un par de judíos me preguntaron si podían maldecir porque claramente no estaban en completo control de sus facultades, “what if I curst? I’m sorry, we are jews”.

Aquello que escribió que me recuerda ese extrañamiento al experimentar un concierto dentro de un templo religioso, es aire de respeto que gobierna la prudencia en las reacciones de los asistentes, es este:

“22 de mayo
Llevamos al invitado a cenar a una iglesia convertida en restaurante –tras una remodelación carísima-, cuyo comedor era antes la nave principal del templo. La mesa lujosa; los precios, descarados (la cuenta de tres personas, tres platos y dos vasos de vino, sube setenta dólares); el sitio, totalmente frívolo, porque justo aquí, donde ahora cenamos, hace poco los fieles rogaban al Espíritu Santo. Esta especie de circo a lo Barnum se complementa con una señora vestida con un camisón escarlata, que toca el arpa donce hace poco sonaba el órgano. El solomillo correoso acompañado con la armonía celestial es la quintaesencia del show-business americano. La música del arpa, el solomillo seco, el público que escucha con respeto pero un poco perplejo porque no sabe si realmente todo está donde corresponde, y esta metafísica de cowboys: todo el conjunto es insulso y aburrido. Si el paraíso prometido se parece a esto –música de arpa y solomillo relleno- no recomiendo aspirar a él.”

En un mundo ideal, las iglesias serían los mejores escenarios, las religiones pertenecerían a un capítulo oscurantista del la búsqueda del ser humano pero preservarían la energía del culto al espíritu, honrado con la mejor música.

Aquí pueden ver el concierto de The Dodos para Spinner
.

Aún de noche

El Dia marzo 13th, 2011

Cansancio extremo. Me esfuerzo por trabajar en la biblioteca pero la conexión es pésima y desgraciadamente necesito verificar unos varios datos científicos sobre la esquizofrenia. Son las nueve diecisiete de la noche, debería de mudarme a un café antes de desfallecer en esta incómoda mesa escuchando el sonido de la presión de todos los dedos que al mismo tiempo teclean.

La clase de Muñoz Molina comenzó mejor de lo que terminó. Alguien comentó sobre el hábito de oler los libros antes de comprarlos, después de que Muñoz Molina compartió su emoción por dos libretas recién adquiridas en un local de la calle trece, que parece que piensa usar para su nuevo libro. Entonces él contestó que podría establecerse una nueva actividad: oleer los libros. Más adelante hablamos de una novela que la otra mexicana de la clase escribió en el salón de clases de su secundaria a manera de chismógrafo literario.

La primera pregunta seria de los chismógrafos de la primaria era: ¿quién te gusta del salón?

Leí mi texto sobre el cuadro de Hopper. Las lecturas en voz alta en la clase me pierden.
Al final me pidió una crónica de SXSW.

Por la mañana madrugué para ordenar las notas del Desierto y su semilla de Jorge Barón Biza que tenía que entregar a Paula hace ya no sé cuántas semanas, hoy que por fin que se lo regresaría, no vino. Algunas frases memorables:

“La versión pueblerina italiana me sirve más: el avance de Dios por exceso de tiempo y creación, por casualidades, por disonancias, por contradicciones. Dios no puede ser algo tan delicado como el vacío ni tan simple como lo inconfundible. A Él le sirven todos los materiales, hasta los deberes mal hechos y las narigonas.”

“Imágenes del otro que sólo nosotros presenciamos y que nos hacen testigos y depositarios de lo más valioso y frágil de esa persona, su existencia contingente que necesita de nuestro testimonio para no desaparecer. Una obligación de vivir conservando los mejores momentos del ser que amamos.”

Gala por los 25 años de Alfabetizacion

El Dia marzo 6th, 2011

Hace más o menos un par de semanas recibí entre sobres de cuentas telefónicas y bancarias, un sobre enorme con remitente de México, que incluía, para mi sorpresa, uno de los ejemplares del año pasado del diario Crónicas Colegio Madrid, que jamás había leído y que honestamente, no recuerdo si se editaba hace exactamente diez años que estudiaba ahí. El recuerdo inmediato que tengo del Colegio es que alfabetizaba con el Madrid. Después la memoria extiende su referencia a la experiencia única de la preparatoria. Pero la impotancia, la verdadera importancia del Colegio Madrid es en mi, son tres campañas de alfabetización rural, que fueron nada más y nada menos que mi primer amor.

En una de las páginas de la edición, dice:

Gala por los 25 años de Alfabetizacion
Discurso de Claudio H. Martínez García

Se llama refugio a ese lugar donde alguien se siente resguardado, seguro, tranquilo, apoyado. Uno pasa el tiempo escondido allí dentro esperando a que aquello que se está evitando pase de largo sin reparar en nosotros.
La alfabetización es ese lugar donde do se siente resguardados, seguros, tranquilos, apoyados. Uno es el refugio del otro. La diferencia es que ese escondite abre la puerta a la infinita imposibilidad de la evasión de la realidad. Es que muchos están evitando (tal vez por desidia, ignorancia, apatía o simple contexto), eso que no sale en la tele, no se imprime en los periódicos, ni se escucha en la radio, se detiene a vernos de frente y a mirarnos por dentro.

Mi refugio: Manos duras, de la tierra. Ojos irritados, del fogón. Tez morena, del campo. Sonrisa intacta, del corazón.

Mi refugio tenía por nombre “Refugio”. Un analfabeta de 45 años en 1999, originario de Nicolás Zapata, esposa y tres hijos.

Cuando me acerqué por primera vez a ofrecerme como su maestro, él me advirtió que “ya era muy viejo para aprender”, que “¿ya para qué?”.

Tras dos veranos y el trabajo conjunto con otra alfabetizadora; cuando cerramos el cuento que leímos entre los dos, le pregunté si aún se consideraba viejo para aprender. Ese hombre de la sonrisa intacta me contestó “¡Ah sí! Pero nunca tan viejo como para rendirme”.

Este aniversario celebra la esperanza, una ideología, el amor. Pero conmemora la ineptitud del sistema educativo, el cual no sería posible sin la presencia de un sistema político que no apuesta al desarrollo en ninguna dirección.
Sería muy ambicioso en incluso prepotente, considerar que tras 25 años de Alfabetización del Colegio Madrid, el panorama en el país no parece ser muy diferente, pareciera que allá afuera todo es igual. Pero en la boca de mi estómago, al lado derecho de mi pecho y atrás de mis ojos, las cosas no son lo mismo.

Nunca lo he escuchado directamente de la boca de alguien, pero dicen que es fácil llegar a los 25 años. Cumplirlos no es un reto si no se nada contra la corriente. Entrar a un mundo que es imposible catalogar con juicios de apreciación estética porque la fuerza del encuentro entre humanos, lo revelador del diálogo y la palabra, y lo pesado de la lectura recíproca de realidades para claudicar. Afortunadamente el proyecto nunca está tan viejo como para rendirse.

Marclay

El Dia febrero 26th, 2011

Caminando por el Museo de Arte Moderno, haciendo tiempo para entrar a las proyecciones de Ambulante, este año he extrañado, entre otros rituales de mi vida en México, los festivales de cine por los cuales renunciaba a mis trabajos para asistir a tantas funciones como me fuera posible; encontré al principio de la exhibición Look At The Music 3, un par de viniles de Christian Marclay, que si bien entiendo del inglés, pegaba empalmando las secciones y los tocaba en vivo en una tornamesa que colgaba de su cuerpo como una guitarra. Después de doce horas de ver The Clock en tres visitas a la Galería Cooper, no es sorprendente que Marclay fuera antes de videoartista, DJ, en el mismo tiempo y espacio que Brian Eno y David Byrne realizaban experimentos sonoros más allá de la música.

Para ser una exhibición sobre los fenómenos musicales en Nueva York en las últimas décadas del siglo pasado, las canciones, videos y fotografías desplegadas sintetizan la historia. Pero este es sólo el MOMA, el extremo corporativo de los museos. La sucursal principal. Hay piezas de Carol Parkinson, videos como Fight The Power de Spike Lee, algunos de Spike Jonze, canciones de Kraftwerk y los sampleos que utilizó por ejemplo, Afrika Bambaataa, quien definió el rapeo como tal, de los padres de la música electrónica. Brevemente, se expone el nacimiento del Hip Hop, movimiento artístico dominante de la cultura afroamericana en Nueva York en los ochenta y noventa, en los setenta en el Bronx, en las fiestas caseras donde con las tornamesas de los padres, los jóvenes rimaban sobre loops de canciones comerciales.

The Clock de Christian Marclay

El Dia febrero 21st, 2011

¿Cuánto tiempo son diez minutos? ¿Una hora? ¿Un segundo? ¿Cuánto tiempo son los siete meses que llevo viviendo en Nueva York? ¿Qué significa “siete meses”? ¿Cuánto tiempo son doce horas sentada en un sillón viendo The Clock? ¿Cuánto tiempo son tres horas de pie afuera de la galería Paula Cooper? ¿Cuánto tiempo son los años que ocuparon a Christian Marclay realizando una película de veinticuatro horas construidas a partir de incontables escenas de otras películas en las que el tiempo determina la narrativa, que descontextualizadas contribuyen a una nueva obra de arte donde el tiempo es un elemento estético?

La nieve comenzó de derretirse hace unos días, la ciudad recupera su antigua apariencia. El hielo y el frío se extinguen como si nunca hubiesen estado ahí, de pronto olvidamos el fenómeno natural que hace tan poco torturaba y embellecía nuestro día a día. La temperatura sufre una crisis de identidad entre los legados del invierno infernal y el comienzo de la primavera que se deja anunciar en algunos rayos de sol que para mi sorpresa, calientan.

El primer día del final del invierno se proyecta por última vez The Clock en Nueva York, esta vez, mi tercera visita a la galería, la exhibición ya ha sido altamente reseñada y recomendada en los diarios locales, consecuentemente, los interesados son más o menos mil al día. Tan sólo un aproximado de siete mil personas asistió a lo largo de poco más de un mes. Formados en las mejores condiciones climáticas del año, que influyen dramáticamente en nuestro estado de ánimo, esperamos cualquier cantidad de tiempo para satisfacer una suerte de adicción que hemos desarrollado a The Clock.

¿Cuál es el efecto de The Clock en el público? ¿Por qué retirarse de la sala de cine en la que se ha convertido esta galería es tan difícil? ¿Por qué resulta tan atractiva? Porque es impredecible. Porque a diferencia de un filme tradicional donde se cuenta una historia en dos horas, esta obra cinematográfica es cada minuto de sus mil cuatrocientos cuarenta, una sorpresa, un logro de coherencia, técnica, narrativa, conceptual, discursiva. Vemos una escena de La Máquina del Tiempo en la cual el reloj sobre la chimenea marca la hora en la que estamos viendo la escena mientras en la misma los personajes discuten sobre la posibilidad de manipular el tiempo y viajar en éste. O una escena de Hook en la que en el País de Nunca Jamás donde no pasa el tiempo ni se envejece, en una tienda de relojes el hijo de Peter Pan los destruye.

Porque tiene momentos en los que reconocemos actores, escenas, bandas sonoras, detalles de otras películas que en circunstancias convencionales han merecido nuestra atención, que olvidadas o no, probablemente no habíamos considerado desde una perspectiva temporal que se extiende al escenario donde los seres humanos están de hecho sentados observando los relojes y personajes en la pantalla, en blanco y negro, a color, antiguos, modernos, despertadores, de pared, el Big Ben, de arena, de oro, digitales, y aquellos en los teléfonos celulares o las manos de quienes habitan los sillones.

El tiempo es despojado de la utilidad para la cual fue estructurado y redescubierto como un fin en sí mismo. El tiempo es el protagonista de una historia de multiplicidades que logran una narrativa de narrativas yuxtapuestas. Una uniformidad de pluralidades dispuestas a una compatibilidad extraordinaria que compone visual y musicalmente una pieza de lo intemporal.

El placer de la cotidianidad, de los sueños, las pesadillas, los crímenes mientras los demás dormían, los amantes, los amaneceres, de los despertares, de las alarmas sincronizadas, de los días que comienzan a ser vividos, de los ciclos de insomnio cumplidos, de los seres humanos que en distintas épocas desde que el cine existe y al cual se le brinda homenaje, que toman un baño, los diferentes baños, las tinas, las duchas, los ríos. Los desayunos, las mesas, las comidas, los que van a trabajar, a la escuela, las mañanas en casa, en las oficinas, los medios días, los restaurantes repletos, los meseros, las copas de vino, los niños. Las bombas que van a explotar a las tres, los que llegan tarde.

¿Cuántas preguntas nacen en doce horas frente a The Clock? ¿Qué hicieron primero? Probablemente conseguir escenas con relojes que den todas las horas? ¿Fue un problema conseguir los derechos de las escenas? Quizá esa es la explicación al mayor uso de películas antiguas que actuales. ¿Cuál es la película más reciente que se usa? Creo que es Saw. ¿Cómo se conecta una escena a otra? Si en ambas se menciona la misma hora o la hora y el minuto siguiente, o si en la escena primera una acción puede complementarse con la acción de la escena segunda, si en la escena primera se menciona un acontecimiento que se lleva acabo en la escena segunda, si se repite la actividad, si se responde a una pregunta o se continúa un discurso, si comparten una escenografía similar. ¿Cuántas personas asistieron la producción viendo cuántas películas para detectar cuántas escenas con detalles específicos que sirvieran para mantener el paso del tiempo en The Clock paralelo al tiempo real en el que es proyectada? ¿Cuántas escenas están en la película? ¿Cuántas películas están en la película? Tres mil.

La importancia de que el filme acontezca en tiempo real es que la realidad fuera del filme acontezca en el tiempo del filme. Los acontecimientos seleccionados en la edición sugieren la simultaneidad con los que no fueron seleccionados, que a su vez, incluye el acontecimiento del espectador sentado en un cómodo sillón frente a la pantalla en una galería que simula una sala de cine, sobre una calle próxima al río Hudson en el barrio de Chelsea en Manhattan donde miles de personas trabajan al mismo tiempo. El constante cambio de escenas se extiende irremediablemente a aquello fuera de la pantalla que también sucede al mismo tiempo.

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